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Las vaquitas son ajenas

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Cristian Carrillo

La concentración de la cadena comercial y la ausencia de derechos de exportación dificulta el desacople de los precios externos de los internos.

Por las nubes. La variación interanual de los precios de los cortes de alto consumo popular, como asado, matambre y vacío, fue cercana al 85%. (Pablo Lasansky/NA)

En un país que hace culto de la calidad de sus carnes, el consumo de proteína animal se convirtió en un lujo para la mayoría de los ciudadanos. En los últimos doce meses el precio del asado aumentó más de un 70% y se encuentra en lo más alto del ranking de incrementos de alimentos y bebidas. La escala refleja múltiples variables a considerar, pero puede sintetizarse en dos: en las dificultades para desacoplar las subas de los commodities de los precios internos –tanto de manera directa (por la competencia externa en las ventas), como indirecta (a través de los insumos)– y en una estructura concentrada en el eslabón comercial de la cadena cárnica.
Desde que salen del campo hasta que llegan al consumidor, los precios registran, como mínimo, una duplicación de su valor y esa brecha puede superar las diez veces según estacionalidad. En una primera aproximación, la cría participa del 35% en el precio de la carne en mostrador mientras que en el caso del matarife es del 5%. Sin embargo, el criador necesita un año para poder vender un ternero y el matarife solo un día.
El Gobierno buscó solucionar ambos problemas con acuerdos con el sector pero, hasta ahora, no logró sortear los efectos de la concentración del mercado. La diferencia la marcan los frigoríficos exportadores, que comenzaron a fijar el costo a la faena. El margen bruto de este eslabón cuadruplica la rentabilidad de los sectores de cría e invernada juntos. Mientras tanto, el precio de la carne en el mostrador se encarece a ritmo semanal, lo que derivó en el menor consumo de proteína animal en los hogares de la última centuria. «Dentro del segmento exportador el grupo más importante es el Consorcio ABC, que concentra aproximadamente el 80% de la exportación y el 30% de la faena de nuestro país, ya que también faena para consumo interno», explica Ernesto Mattos, economista del departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación. La industria frigorífica nacional cuenta con aproximadamente 500 plantas frigoríficas, de las cuales cerca de 100 tienen habilitación para exportación y el resto solo para consumo interno. Desde el sector señalan como principal motivo del incremento de los precios para consumo interno, al alto precio del ternero (representa cerca del 70% del costo del engorde a corral) y de la invernada, íntimamente relacionado con la disparada de precios internacionales de los alimentos, particularmente los granos (y en el caso específico de la producción de proteína animal, el maíz).

Las penas son nuestras
El principal impacto en la producción, especialmente en la invernada, es el precio del maíz. El grano es utilizado como materia prima en sus procesos de transformación, básicamente para la producción de proteína animal como carne de cerdo, pollo, huevos, leche y engorde a corral (feedlot). El costo del maíz por tonelada producida de carne aumentó un 102%. En el país hay además 265.326 unidades productivas de cría e invernada. El margen de los feedlot recuperó en los últimos meses, pero viene en franca retirada como tendencia desde 2014.
Cuando se analiza la cadena comercial se pone en evidencia que la intermediación en alimentos eleva varias veces el precio de producción. La diferencia entre lo que recibe el productor y lo que se paga en góndola, en el caso de la carne de novillo, es del 272%. Un estudio del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana revela que, pese a los acuerdos que impulsa el Gobierno con las cámaras empresarias del sector alimenticio, el incremento de precios de los productos esenciales de la mesa de los hogares no se detiene. El relevamiento refleja que «los productos de carnicería subieron 25,7% durante el primer cuatrimestre». En los últimos doce meses los cortes que más subieron fueron: asado (77,1%), carnaza (61,2%), nalga para milanesas (72,5%), paleta (61,5%) y carne picada (61,2%).
Además de la concentración en el eslabón comercial, cabe revisar otros costos de la cadena. Un trabajo realizado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina señala que «la renta de la tierra es el principal costo, seguido por el maíz, que registró un aumento de 170% en el último año en el mercado de Rosario, siguiendo a los precios internacionales». A su vez, desde el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz señalan que «si no hay cambios en las retenciones para diferenciar el precio local, los precios internacionales se meten de lleno en la cadena de todas las carnes, que tienen a los granos como principal insumo».
El Gobierno dispuso un congelamiento a la venta externa de carne vacuna para negociar una oferta amplia de cortes a bajos precios. Como respuesta el sector agroexportador impulsó un lockout de comercialización de ganado por quince días. El siguiente paso del Ejecutivo fue ordenar a los organismos de contralor profundizar la inspección de la cadena cárnica. Ya en febrero, el Ministerio de Agricultura había verificado que 15 compañías intentaban vender 40 toneladas de carne por fuera de los controles del Estado. Compraban los animales en el Mercado Concentrado de Liniers a un precio elevado para garantizar su obtención y luego los exportaban irregularmente al dólar paralelo. De esta forma, impulsaban subas significativas en las góndolas y en las carnicerías.
A su vez, ya con la suspensión a la exportación de carne vacuna en marcha, un relevamiento de la AFIP notificó que nueve de cada diez grandes frigoríficos subfacturan o no declaran operaciones de comercio exterior. La cifra surge de las fiscalizaciones que realizó la Dirección General Impositiva sobre los 150 establecimientos más grandes del país, que explican en conjunto el 72% de la faena total. Del total de establecimientos relevados, el 90% recurrió al uso de facturas apócrifas, sociedades sin sustancia y prestanombres, para comercializar más de 500.000 cabezas de ganado entre 2018 y 2020.
Finalmente, y tras el cierre de exportaciones por 30 días, el Gobierno anunció un nuevo esquema de ventas al exterior para la carne vacuna, con un nuevo cupo (hasta el 50% del volumen mensual promedio exportado en 2020) e impuso la prohibición de exportaciones de media res, asado, matambre, vacío, cuadrada, falda, tapa de asado y paleta hasta el 31 de diciembre. «Hoy hay que priorizar el bolsillo de los argentinos», señaló el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, quien además anunció que en los próximos días se pondrá en marcha el Plan Ganadero, a cargo de los Ministerios de Desarrollo Productivo y Agricultura, Ganadería y Pesca. El objetivo de mediano plazo es aumentar la producción de carnes, y pasar de 3,2 millones de toneladas actuales a 5 millones de toneladas por año. Como era de esperar, las corporaciones agroexportadoras se manifestaron en desacuerdo con la medida y amenazaron con un nuevo lockout.

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