Cultura | REACTIVACIÓN TEATRAL

A sala llena

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Javier Firpo

A poco menos de un año de la reapertura al 100% del aforo, el panorama escénico sorprende por la inesperada y masiva respuesta del público.

Corrientes a pleno. Julio César, Inmaduros, Habitación Macbeth, Los Bonobos y La verdad, distintos exponentes del resurgimiento de la actividad. Fotos: PRENSA

Tras la pandemia que lo tuvo al borde del precipicio, el teatro reaparece en todo su esplendor, con decisión, con estrenos variopintos, nuevas salas y otras remozadas y un público voraz que vuelve moneda corriente el cartel de «localidades agotadas». «Es maravilloso ver el poder de atracción que tiene el teatro y lo increíble del empuje de la gente, que más allá de las pálidas y la mishiadura intenta pasarla bien aunque sea un ratito», expresa el actor Diego Peretti. «Yo veo cómo está Corrientes a la noche y parece una avenida de Nueva York o de Londres, con larguísimas colas para ver espectáculos teatrales. Lo aprecio en carne propia con Inmaduros, la obra que hacemos con Adrián Suar, con el cartelito de sold out permanentemente colgado en la boletería», agrega.
«Es notorio que se ha producido una gran recuperación del teatro en general, aunque si me pongo exigente todavía no ha sido todo lo pleno que se merece», analiza Juano Villafañe, director artístico del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. «Por supuesto que el gran movimiento lo generan el teatro comercial y el oficial, ya que el independiente arrancó con falta de subsidios para las producciones, pero se fue recuperando lentamente y ya está alcanzando su nivel tradicional», completa.
«Cuando salgo de hacer la función veo a la gente que nos espera con generosidad, cariño y sobre todo con agradecimiento. “Gracias por volver a hacernos reír después de tanta muerte”, me dijeron la otra noche. Fueron dos años muy trágicos y el teatro tiene esa doble función: la de brindar espectáculo pero, además, la de permitir al público acercarse y abrazar a la actriz o al actor que fue a ver», analiza Peretti.
Desde la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET) afirman que «desde abril de 2022 se está viendo un movimiento en las boleterías similar a los tiempos prepandémicos». Mientras que desde la Asociación Argentina del Teatro Independiente (ARTEI) hacen saber «que claramente hay un regreso del público a las salas del off, que lucen como mínimo en un 70% de lunes a jueves. Y los fines de semana suelen agotarse las entradas, algo que también es comprensible por el precio, que oscila entre los 800 y 1.500 pesos», grafica Alejandra Carpineti, referente de ARTEI.
En el relevamiento del ámbito de las tablas realizado por Acción, los distintos testimonios coinciden en que se trata de un «momento histórico». Villafañe está entusiasmado con este resurgimiento en general y con «la buena senda del CCC, que está trabajando sostenidamente con la obra Habitación Macbeth como caballito de batalla, llenando durante todas las funciones y ya confirmando su presencia en la cartelera de 2023. Por otra parte, nuestra sala de experimentación Leónidas Barletta, que plantea una temática más diversa de obras ya estrenadas, está obteniendo resultados positivos». Y luego remarca que no ve fantasmas amenazantes como lo fue el covid. «La situación económica por ahora no es un factor preocupante para el público que asiste a los teatros y a la gastronomía. La avenida Corrientes volvió a ser lo que era», destaca.

Milagro argentino
Inmaduros, Los Bonobos, El método Moldavsky, Kinky Boots, Ella en mi cabeza, Perdida mente, ART, La verdad y Network son las diez obras más vistas en junio y julio en Buenos Aires. «Las salas suelen estar en un 90% de ocupación y la que menos tiene no baja del 80%. Está claro que hay una recuperación, no sé si fue muy rápida, solo hay que tener en cuenta que recién el 13 de noviembre de 2020 se abrieron las salas con un 30% de aforo y el 1° de octubre de 2021 se habilitó el 100% de la capacidad», sostienen desde AADET.
A diferencia del cine, una industria en caída libre en la Argentina, el teatro levita: la resurrección es contagiosa. Además de la reapertura del Politeama, el Regina acaba de ser remozado, la productora Andrea Stivel reacondicionó y modernizó el alicaído Astros, El Picadero está celebrando a lo grande su década tras ser rescatado del ostracismo, El Liceo resurge después años de persianas bajas, al igual que el vintage Avenida, al que reinauguraron luego de una inversión millonaria.
Por otro lado, en Mataderos, la sala El Plata asomó la cabeza en la cartelera con el éxito de Julio César, protagonizado por Moria Casán, mientras que el barrio de Devoto está en la cuenta regresiva para el estreno del Teatro Devoto. Algo similar ocurre en Pilar, que en breve contará con la sala Gran Pilar. «Estamos hablando de Mataderos, Devoto y Pilar, tres lugares geográficos que tienen poca historia en relación al teatro. No obstante, es un milagro que esté sucediendo en esta Argentina tan golpeada», comparte Lino Patalano, productor con un amplio conocimiento de la materia. «Es como que el teatro se rige por otra economía pero no, los que estamos detrás de bambalinas hacemos mucho para que este cuento de hadas sea una realidad», afirma.
«Por más que lo apaleen, como hizo la pandemia, el teatro se sigue poniendo de pie, simplemente, porque es irremplazable», señala Juan José Campanella en diálogo con Acción. «En el teatro no hay plataforma ni streaming que se impongan, por eso sigo apostando más al teatro que al cine, arte al que difícilmente vuelva porque noto que se lo fagocitaron las series y el cine en casa. Lo del teatro en Buenos Aires es admirable, no solo soportó una pandemia que lo dejó moribundo, sino que se sobrepone a las contingencias económicas», agrega el responsable de la reapertura del Politeama, teatro histórico que acaba de reabrir sus puertas con La verdad, dirigida por Ciro Zorzoli.
«¿Por qué sobrevive el teatro? Básicamente por dos cuestiones: una es que no lo podés apreciar desde tu casa, aunque haya una plataforma como Teatrix para verlo. Y la otra es la emoción del público por ver al actor en vivo y en directo, ahí nomás de la butaca. ¿Cómo no va a subsistir? La calle Corrientes es una fiesta, hay una necesidad de juntarse después de tanto aislamiento y soledad», analiza Campanella, instalado en la Argentina después de haber estado radicado en Estados Unidos.
Para Sebastián Blutrach, productor y mandamás de El Picadero, «los primeros meses postpandémicos, a fines de 2021, se apostó por reestrenos de obras ya probadas para ir a lo seguro. Pero con el correr de los meses de este año, la producción teatral empezó a crecer y los elencos a ampliarse, hasta llegar a sumar a músicos y bailarines. Si bien se volvió a una recaudación similar a la boletería prepandémica, convengamos que antes del covid el teatro atravesaba por una crisis».
Blutrach remarca «la existencia de dos Argentinas. Por un lado la precarizada, la de los indigentes, que están fuera del mercado teatral; por otro la asalariada, la que trabaja pero percibe sueldos licuados por la inflación. Esa clase media se vuelca al consumo más austero y al disfrute, como podría ser ir a ver una obra. En lo personal, estoy orgulloso con la ecléctica programación de El Picadero, donde tenemos cuatro producciones propias más un stand-up, un musical y un unipersonal, que arrastran una corriente de público joven muy interesante».
Autor y/o director de cuatro obras que actualmente están en cartel, José María Muscari apunta a «una súper recuperación que es el fiel reflejo de esta primaverita. Que las cuatro obras llenen las salas no significa que son un oasis en el desierto, sino que hoy ese impulso es el común denominador del teatro comercial e independiente, sectores de los que soy habitué no solo como parte de la industria, sino como espectador consuetudinario. Y veo mucha gente que hace cola, que paga su entrada e ingresa a la sala con una avidez envolvente».
Muscari no cree que «la inflación o la disparada del dólar se transformen en amenazas para el teatro. Desde que tengo uso de razón, me crié con todo tipo de crisis financieras y pude crecer, desarrollarme y, de alguna manera, triunfar, con lo cual este es un momento como tantos que ya hemos pasado. La debacle económica es, tristemente, parte de nuestra idiosincrasia. A veces tenemos años menos malos y a veces desastrosos como este momento, pero el teatro parece agrandarse cuando las papas queman».
Pieza clave de la escena alternativa, Javier Daulte, dramaturgo y director, se siente satisfecho con la reacción que tuvo el sector, «especialmente porque no se cumplieron los miles de vaticinios agoreros que se esgrimieron durante la pandemia y que eran apocalípticos, decían que todo iba a cambiar en relación al hábito de hacer y de ver teatro. Afortunadamente el teatro sigue siendo teatro y los artistas y el público hemos vuelto al ruedo con una gran alegría por haber recuperado el ritual presencial. En términos más puntuales, la reapertura, que se dio en octubre de 2021, fue más feliz para el teatro alternativo que para el comercial, que empezó a levantar cabeza recién a partir de marzo pasado».
A pesar de los temores y la incertidumbre, Daulte siempre confió en la fortaleza del sector. «En la crisis de 2001, en la que literalmente no había un mango, porque no se podía acceder a las cuentas bancarias, pensábamos que iba a ser la temporada de verano más catastrófica de la historia y, sin embargo, los teatros se llenaron. Lo que está ocurriendo ahora no se corresponde ni con los malos augurios pandémicos ni con la situación económica actual. Hay que tener en cuenta que la economía no es una ciencia exacta, sino humanística y que el fenómeno del teatro tiene que ver con lo social. Y lo social y lo económico no siempre siguen lógicas matemáticas».

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