6 de marzo de 2025
El masivo corte energético en el área metropolitana de Buenos Aires vuelve a poner en debate el papel de las empresas eléctricas y las políticas públicas del sector. Las tarifas aumentaron un 431% en un año.

Sin semáforos. Cruzar una avenida en la Ciudad se convirtió en una aventura.
Foto: NA
La precaria situación del sistema energético se evidenció en el primer día laborable después del fin de semana largo. Casi una hora antes del amanecer, a las 5:25 de la madrugada del miércoles 5 de marzo, un corte de energía afectó a un gran sector de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y parte del sur del Conurbano bonaerense. La cifra de afectados, de acuerdo a información de la secretaría de Energía, rondaba los 550.000 usuarios apenas iniciado el corte, y se había reducido a cerca de 250.000 afectados poco antes de las 8 de la mañana.
Edesur emitió un comunicado más de dos horas después ‒a las 7:40‒ en el que informó sobre una falla en dos líneas de alta tensión que afectaron a varias de sus subestaciones. Por su parte, el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), el organismo encargado de regular y supervisar el servicio eléctrico en el país, no emitió un comunicado oficial sobre las causas del corte, debido a que su web no estaba funcionando correctamente: estaba inoperativa.
El corte de energía afectó gravemente varios servicios públicos esenciales, pero en particular el transporte en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores. Líneas de subte suspendidas en su totalidad o con recorrido reducido; servicio de trenes con demoras y cancelaciones; semáforos fuera de servicio en las principales avenidas, que complicaron la circulación de autos y colectivos en la Ciudad, caos en el tránsito y demoras importantes en el inicio de la jornada laboral y la escolar. Varias escuelas y colegios en distintos barrios porteños debieron suspender sus clases.
Políticas de subsidios sin sentido y atraso de tarifas eran los latiguillos que los empresarios del sector energético ‒y algunos usuarios ganados por el discurso empresarial‒ utilizaban para justificar la falta de inversiones necesarias para optimizar el servicio. En la actualidad, ninguna de las dos excusas existe. Los subsidios se redujeron y seguirán reduciéndose hasta desaparecer, mientras que entre febrero de 2024 y enero de 2025, las tarifas de Edenor y Edesur aumentaron un 431%, cuando la inflación en el mismo período fue de un 85%. Tuvieron un incremento real del 187%.
Pasadas las 10 de la mañana, el suministro de energía había sido repuesto casi en su totalidad. Había en ese momento 17.500 usuarios afectados, según declaraba Edesur. El funcionamiento de los servicios públicos en la Ciudad y el AMBA comenzaban a normalizarse, cuando… otra vez sin luz.
600.000 usuarios
Menos mal que el cambio climático es una invención de la ideología «woke» y que las casualidades sí existen. Cuando el termómetro llegaba a los 34 grados y la sensación térmica superaba los 40, se produjo una nueva falla en una línea de alta tensión que provocó el segundo corte de luz masivo en la Ciudad de Buenos Aires, el Conurbano y La Plata. El apagón comenzó a las 12:28 horas en la misma línea de alta tensión que había fallado más temprano y, en esta ocasión, dejó a más de 600.000 usuarios afectados. «El inconveniente» se detectó en la línea de 220 kV Costanera‒Hudson 1, que opera Edesur, y derivó en una reducción de demanda por 850 MW que afecta al sur de la Ciudad de Buenos Aires y del Conurbano. Como consecuencia de la magnitud y las condiciones climáticas valía considerar que el restablecimiento del servicio sería más lento que el anterior. Pero quien no se mostró lento de reflejos, en este segundo apagón, fue el community manager de Edesur. Solo media hora después del inicio del corte, la empresa publicó un comunicado en la red X: «Informamos que se produjo una falla en una línea de alta tensión que afecta a varias de nuestras subestaciones. Nuestros técnicos se encuentran trabajando para reestablecer el servicio. Nos mantenemos en contacto». Rara, esta última frase. Más aun cuando los usuarios afectados reclamaban en medios de comunicación y redes sociales que la web de Edesur no mostraba información sobre el corte. También se quejaban de la página del ENRE, el organismo controlador oficial, que hasta al menos 10 horas después del primer apagón y con el segundo en curso, aún continuaba inoperable. Desde el Gobierno nacional hubo mayormente silencio, solo trascendidos que apuntaban a la empresa como responsable, sin ninguna explicación oficial. Lo cierto es que las tarifas aumentan cuatro veces por encima de la inflación y la calidad de servicio sigue devaluada.