Palabras de un hacedor

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En 1988, a 30 años de la fundación del IMFC, el dirigente reflexionaba sobre los orígenes del movimiento cooperativo de crédito mostrando una lúcida mirada acerca de la coyuntura nacional.

 

Pionero. Una de las últimas imágenes del histórico dirigente, fallecido en 1995.

Crear una institución cooperativa dedicada a manejar finanzas era, en aquellos tiempos, una idea extravagante». Meyer Dubrovsky, en ese momento presidente de la filial Buenos Aires del imfc, era entrevistado por Acción en el 30º aniversario del Instituto Movilizador. Corría el año 1988 y la revista realizaba una serie de reportajes a dirigentes de la entidad. Dubrovsky fue uno de sus fundadores y participó del debate que dio origen al Instituto Movilizador en 1958. Nacido en la ciudad de Las Palmeras, Santa Fe, el 16 de febrero de 1917, en el seno de una familia de inmigrantes rusos, Meyer había mostrado desde joven su interés por la participación política: en 1935  fue propulsor de la Organización Juvenil Agraria, que reclamaba tierras para los hijos de los campesinos. También fue cofundador de SanCor en 1938, y propulsor de las Comisiones Agrarias Juveniles Cooperativistas que apuntalaron la defensa de los pequeños y medianos productores lecheros. En 1948 se radicó en Buenos Aires e integró la comisión de asociados de la Primera Caja Mercantil. También fue uno de los creadores de la Caja de Crédito La Central, origen de la actual filial Once del Banco Credicoop.
«En el cooperativismo argentino no había experiencias de esta rama –recordaba en la entrevista de 1988–, no existía más que la caja de ahorro y crédito. Y el interrogante en torno del cual se suscitó el debate fue si sería o no factible la creación de una especie de Banco Central cooperativo, al margen del mercado financiero oficial, si sería posible darnos una cámara compensadora que transformase los saldos disponibles de las cuentas corrientes en una herramienta crediticia autónoma, capaz no solo de financiar el crédito directo para el socio de la cajita, sino de llegar a centralizar los fondos de todo el movimiento cooperativo argentino, para con ellos compensar ciclos económicos en el país ¡vea usted qué sueño!». «Es cierto –decía en otro tramo el dirigente– que concretar nuestras aspiraciones no era cosa fácil, pero confiábamos en la gente, en su toma de conciencia. Lo que sí nos preocupaba originalmente era que debíamos enfrentar grandes intereses monopólicos, una preocupación, creo, que fuimos perdiendo de vista a medida que avanzábamos. Nos confiamos en que en aquel 1958 la Argentina comenzaba a recuperar el estado de derecho, a pesar de que la economía seguía siendo dependiente, de que las fuerzas monopólicas retenían los resortes fundamentales de la economía. Cuando nos largamos a la calle con el imfc, el 23 de noviembre de ese año, comprendimos que habíamos dado en el clavo. Fueron los obstáculos con los que no tardamos en tropezar los que nos recordaron que los ideales cooperativos, la causa de la independencia económica, la filosofía de la solidaridad, no cuentan para los intereses monopólicos ni para quienes se asocian a ellos». La iniciativa, recordaba Dubrovsky, «tomó un incremento que escapó a todas las previsiones, dando al gran movimiento de las cajas de ahorro y crédito una nueva magnitud».
En la nota, Dubrovsky señalaba que, cuando se produjo el golpe de Estado de Carlos Onganía, que atacó duramente al crédito cooperativo, el Instituto tenía un saldo de más de 6.000 millones de pesos de aquél entonces. «Es posible que muchos no se den cuenta de la capacidad de movilización que en tan poco tiempo generó la confianza que los sectores de pequeños y medianos industriales, comerciantes, productores rurales depositaron en este movimiento, viendo en él una autogestión financiera.  En cada pueblo, en cada caja, aparecieron quienes conduciéndolas aprendían a manejar los recursos en el lugar en el que se engendraban, y a participar en la redistribución cooperativa de los excedentes».
Sobre el final de la nota, Dubrovsky analizaba la coyuntura económica nacional dando definiciones que aun hoy tienen una vigencia notable. «La historia demuestra que el cooperativismo, el de las finanzas en especial, debe saber en qué mundo vive, cuál es la situación económica y política del país. Mientras la economía dependa de sectores extranacionales, no podemos ilusionarnos con encontrar fácilmente soluciones a los problemas que se nos cruzan en el camino. A esos sectores les molesta que nuestro movimiento llegue a cumplir con los fines para los que fue creado, es decir, defender los intereses nacionales al propiciar el crédito al servicio  de los pequeños y medianos empresarios».
«En 1976 –continuaba–, el Estado se puso totalmente al servicio de los grandes monopolios y uno de sus pasos fue intentar la liquidación del crédito cooperativo y sus herramientas. Eso nos obligó a dejar atrás la etapa de las cajas, orientando su reagrupamiento en bancos cooperativos, preservando su espíritu; pero bajo una ley de entidades financieras que obliga a nuestros bancos a hacer lo imposible para sobrellevar la situación, apoyándose en la actitud consecuente de hacer que los asociados conozcan el manejo de nuestras entidades desde adentro, en demostrar cómo resulta imposible ejercer la función específica bajo una legislación que responde a los dictados del Fondo Monetario Internacional».
Las palabras finales del dirigente, fallecido en 1995, reflejan los ideales que dieron origen y que se siguen sosteniendo desde el movimiento nucleado en el imfc: «El mérito histórico del Instituto, al hacer el balance de estos treinta años, es que aquí estamos, en estos momentos, después de haber rescatado la ruta constitucional del país, luchando también, junto con otros sectores del pueblo argentino, por las mismas reivindicaciones, por romper la estructura de la dependencia, por una democracia política y económica de participación, con justicia social, bandera que los cooperativistas nunca hemos arriado, que nunca arriaremos».

—Asesoramiento histórico: Daniel Plotinsky
Fotos: Archivo Acción

 

Año 2001

Héctor Molina, Celina Murga, Carlos Resta y Juan Villegas, entre otros directores y actores, eran los personajes del año elegidos por «Acción», en un homenaje al cine nacional que resurgía en medio de una de las peores crisis económicas del país.