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No es solo espuma

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En el sector conviven holdings de consumo masivo con pequeñas y medianas empresas. Una cooperativa santafesina abastece a todo el país y compite con extranjeras.

 

Nacional. En la actualidad se producen entre 1.600 y 2.500 toneladas de jabón por año. (Infoto)

La producción nacional de jabones cuenta ya con más de 100 años de historia, una cadena diversificada pese a la alta concentración en su eslabón comercial y un incipiente desarrollo del modelo cooperativo en el Interior del país. Esta actividad, un desprendimiento del rubro de artículos de tocador, es llevada adelante por una mayoría de pequeñas y medianas empresas, aunque un puñado de compañías extranjeras detenta la mitad de la oferta. En la actualidad se producen en el país entre 1.600 y 2.500 toneladas de jabón, un volumen que se mantiene estable desde hace 2 décadas, aunque con una alta estacionalidad, de acuerdo con la consultora Abeceb.com. Casi un cuarto de ese volumen –400 toneladas– es abastecido en la actualidad por la Cooperativa Cañada Rosquín, empresa recuperada por sus trabajadores en 2006 de manera formal.
A fines de la década del 20 comenzó a formarse la industria de artículos de tocador, a partir de que importadores decidieron producir en el país debido a las crecientes dificultades para ingresar sus productos. Su establecimiento proporcionó al sector la técnica y la experiencia internacional. Entre las primeras empresas que se instalaron figuraban Lever y Colgate, señala un informe del Centro de Estudios para la Producción (CEP). El crecimiento del sector junto con la evolución del comercio determinó el surgimiento, en 1932, de la Cámara de Fabricantes de Jabón de Tocador, sede de la Federación de Industrias del Jabón y Afines.
El sector se compone de un conjunto heterogéneo de pequeñas y medianas empresas y un reducido núcleo de empresas grandes que tienen una importante participación de mercado. Para lograr un mejor posicionamiento, las firmas destinan grandes recursos  al desarrollo de productos, marcas, marketing y gestión de calidad, delegando muchas veces la tarea específica de la fabricación industrial de sus productos en terceristas.
La producción incorpora como materias primas alcoholes, sebo, soda cáustica, vaselina, aceites esenciales y minerales, parafina, ceras, colorantes, vitaminas, oxidantes y resinas, entre otros. Estas provienen de la industria química y, en su mayoría,  son de origen importado. Estados Unidos, Alemania y Suiza son los mayores proveedores. Otros insumos fundamentales son los materiales de empaque, principalmente envases de plástico, vidrio y hojalata, donde existe una gran red de productores.

Marcas y clientes
La pelea es desigual. Las grandes compañías como Unilever, Palmolive y La Fármaco destinan importantes erogaciones en campañas publicitarias. «Cabe destacar que el principal activo con que cuentan las empresas es la marca», señalan desde la cámara del sector. No obstante, podría decirse que esta juega un papel más relevante en aquellos segmentos donde las barreras a la entrada son relativamente bajas, ya que actúa como factor de diferenciación frente a la competencia y ante los ojos de los consumidores. La producción de jabones mantiene una baja concentración –entre 3 y 6 empresas manejan entre el 40-50% del mercado–.
Por su parte, tras el auge del supermercadismo de los años 90, una de las formas de comercialización que más creció para la pequeña y mediana empresa fue la venta directa, conocida como puerta a puerta. El vínculo directo con los clientes no solo permite un mayor grado de fidelización de los consumidores sino que también abre la posibilidad de que algunos se incorporen a la firma como revendedores. Otro canal que avanzó significativamente durante estos años fue el de venta en cadenas de farmacias y perfumerías.
En la actividad se destacan dos casos, el de una empresa familiar de más de 100 años y una flamante cooperativa. La fábrica de jabón La Mariposa inició su historia en el proceso industrial tucumano el 20 de junio de 1914, un camino marcado por épocas de vacas gordas y crisis. El titular de la firma, César Rodríguez Prados, destaca que durante «el actual Gobierno nacional se impulsaron muchos créditos para el desarrollo de la industria», aunque remarcó que existen «algunas fallas (para impulsar la actividad) como la presión impositiva y el IVA para los que menos tienen».
Por su parte, tras la quiebra de la Sociedad Argentina Grasos y Derivados en la provincia de Santa Fe, que dejó sin trabajo a 83 personas, sus trabajadores recuperaron la empresa constituyéndose en la cooperativa Cañada Rosquín en 2006. La organización gestionada por sus trabajadores elabora jabones, detergentes y velas y, desde hace 2 años logró duplicar su producción alcanzando las 400 toneladas.
La cooperativa proyecta abrir dos nuevas representaciones en las provincias de Salta y San Juan. En la actualidad produce jabones Signo, pan para lavar Sirkis, jabones y velas Carabela, y jabones La Perdiz, marcas reconocidas en todo el territorio argentino. Es asistida técnica y económicamente por el programa Sistemas Productivos Locales del Ministerio de Industria nacional para mejorar su tecnología operativa y optimizar los procesos productivos. La firma invertirá 1,1 millón de pesos. Con este dinero, los integrantes de la cooperativa adquirirán un mezclador, balanzas y una envasadora. También comprarán un quemador y se realizará el acondicionamiento del sistema de cañerías y válvulas de la planta.
Otros organismos vinculados con el proyecto de esta cooperativa son la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Desarrollo Social y la Fundación Credicoop.

C. C.