La unión y la fuerza

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En los últimos años las experiencias autogestivas se multiplicaron en todo el país. La compleja tarea de sostenerse en el tiempo. Desafíos pendientes y apoyo estatal

 

Córdoba. Comercio y Justicia tiene hoy 70 asociados y 30.000 lectores. Luego de la recuperación, sumó nuevos servicios. (Bibiana Fulchieri)

En una fábrica del barrio porteño de Monte Castro dos máquinas amasadoras hacen su trabajo mientras hombres vestidos de blanco van y vienen controlando la muzzarella o cargando cajones llenos de queso caliente que se enfriará en una cámara a cero grados. Otros limpian y reponen la materia prima: un queso sin gusto al que llaman masa. La muzzarella caliente es como una tela, quizás sea por eso que al amasado lento en esas máquinas que parecen un bol gigante se le llama proceso de filado. Dos operarios van tocando el queso blando buscándole el punto justo. Cuando está listo, lo cargan en cajones de 20 kilos. Así, hasta llegar a los 5.500 kilos que Lácteos La Ciudad produce cada semana. Mientras sus compañeros elaboran el queso en la planta baja, arriba, en unas oficinas austeras, Hugo Alfredo Córdoba repasa cómo, luego de una gran crisis, la fábrica porteña pasó de ser una firma privada a ser una cooperativa de trabajo gestionada por quienes antes fueron empleados. «Entré acá en 1990 como una especie de ayudante de contador. En el 2000, antes de la quiebra, la empresa no venía bien, un poco por los problemas del país y otro poco porque era una empresa familiar que sumaba parientes que se convertían en socios y también se incrementaban los gastos». Eran tiempos de crisis profunda en Argentina y tanto la sociedad como los medios de comunicación veían con sorpresa que cientos de trabajadores se quedaban en las fábricas que cerraban e intentaban ponerlas a funcionar sin patrón. Mientras tanto, Lácteos La Ciudad había entrado en convocatoria de acreedores y cuando terminaba su jornada laboral, Córdoba vendía muzzarella en José C. Paz para reemplazar el sueldo que ya le habían dejado de pagar. Fue por la televisión que el grupo se topó con un horizonte nuevo. «El síndico venía a cada rato a decir que en cualquier momento dejábamos de trabajar, que ya estaban rematando las máquinas, y un día estábamos acá abajo y uno me dijo: “Che, vi en la tele que estaban formando una cooperativa y que si formamos una podemos seguir trabajando en la fábrica, ¿por qué no averiguás?”». Buscaron en la guía el número del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, se contactaron con el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas y armaron la cooperativa Lácteos Monte Castro. La fábrica no cerró ni un día.


Cientos de experiencias similares sucedieron en otras ciudades y pueblos de la Argentina: obreros, empleados, peones, operarios, tomaron las riendas de emprendimientos declarados inviables o, en algunos casos, llevados intencionalmente a la quiebra, y los devolvieron a la vida. Hoy existen en el país 311 empresas recuperadas que emplean a 13.462 personas. Estas cifras se desprenden del IV relevamiento de Empresas Recuperadas realizado en 2014 por el programa Facultad Abierta de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que arroja otro dato llamativo: lejos de ser un fenómeno asociado con la gran crisis de 2001, la recuperación de empresas continúa vigente. Según el relevamiento, coordinado por el investigador Andrés Ruggeri, después de 2004 se recuperaron 144 empresas, casi tantas como las nacidas en 2001 y en años inmediatamente anteriores y posteriores. Sucede que, según los investigadores que realizaron el estudio, el fenómeno carecía de visibilidad pública, algo que cambió en los últimos años cuando surgieron experiencias emblemáticas como las de Cerámicos Zanón (hoy FaSinPat) en Neuquén, el hotel Bauen en la ciudad de Buenos Aires, la cristalera Vitrofin en la ciudad santafesina de Cañada Rosquín, y la fábrica de pastas Milhojas de Rosario. El movimiento creció entonces en número y organización.
Lejos de ser un camino sencillo, la recuperación de una empresa suele ser un trance arduo y a menudo desgastante, que produce tensiones y que plantea –a muchos, por primera vez en su vida– la complejidad de llevar adelante un emprendimiento que, más allá de su características autogestivas, debe atenerse a las reglas del mercado. La historia de Lácteos La Ciudad es una muestra de estas complejidades. «Estábamos contra la pared –dice Córdoba–, ya nos íbamos, ya cerrábamos, ya nos echaban. Una vez le preguntaron a Tita Merello por qué había aprendido a cantar y a bailar. «Por hambre», dijo. Yo tenía dos pibes, no me quedaba otra, no podía elegir si me gustaba o no me gustaba, si podía o no podía». Los primeros días hicieron queso con algo de materia prima que había quedado. Eran tres personas elaborando, otra vendía y Córdoba lidiaba con la ansiedad de los clientes. En 2007 los trabajadores habían formado Lácteos Monte Castro, que quebró ese mismo año. «En ese momento no se conseguía plata por ningún lado y uno que vendía trajo una persona, hicimos una reunión y nos ofreció dos veces más que lo que ganábamos, nos dijo que esto iba a levantar. Como siempre, es gente que piensa que pone plata hoy y mañana ya retira el doble. No conocía el rubro y tampoco tenía la espalda que decía tener. Empezó a caer y fue un desastre». Otra vez la quiebra y las deudas. En 2009 se sumó a la cooperativa Fabio Resino, referente de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo (FACTA) y ex trabajador del hotel Bauen. «Ahí –dice Córdoba– empezamos a tomar conciencia de que todo tenía que ser por nuestros propios medios y empezamos de a poquito, de nuevo, otra vez».
La falta de acceso al mercado de crédito formal, la dificultad en torno a la propiedad de los inmuebles, las tensiones que provoca entre los trabajadores la nueva forma de gestionar y jueces que priorizan el interés empresario son algunas de las trabas en los procesos de recuperación. Capacitarse, volver a generar confianza en clientes y proveedores, seguir las alternativas de la quiebra en la Justicia y, al mismo tiempo, funcionar de manera horizontal y democrática, tomando las decisiones en conjunto y dando voz y voto a todos son solo algunos de los desafíos a los que los nuevos dueños deben hacer frente. «Tenemos que aprender en el curso de los acontecimientos y no es sencillo, porque el mercado no te da mucho tiempo. Si uno no aprende rápido, es probable que la empresa nunca funcione bien», dice Resino y subraya la necesidad de apoyo. «No es lo mismo tener los recursos que no tenerlos y no es lo mismo tener la sabiduría de la gestión que no tenerla. Es un costo muy grande que afecta en lo productivo y en las relaciones humanas de la cooperativa, porque una cooperativa que no anda bien tiene relaciones humanas complicadas».

Vitrofin. La cristalera cañadense es hoy gestionada por sus 60 trabajadores. (Carlos Carrión)

Trabajo. Fabricaciones Rosario está en pleno proceso de recuperación. (Carlos Carrión)

 

Una nueva vida
El barrio de Fisherton se encuentra en la zona oeste de Rosario y tiene un sector residencial y uno industrial. A este último decidieron mudarse los trabajadores de Herramientas Unión, nombre que tomó la metalúrgica fundada por Domingo Lentini en la década del 50, luego de convertirse en cooperativa. Dedicada a fabricar cuchillas industriales, se recuperó en abril de 2001, un  año después de que se declarara en quiebra. Omar Pucciano, su presidente, había entrado a la empresa en 1971. «Somos producto de la crisis del modelo neoliberal de los años 90 –dice–. En el 2000, año de la quiebra, la fábrica estaba endeudada con nosotros, con los proveedores, con la AFIP. Entonces, las dos hijas de Lentini nos propusieron que nos quedásemos con las máquinas y siguiéramos trabajando. Dijimos que sí porque era lo único que podíamos agarrar en ese momento. Luego alquilamos un galpón y nos pusimos en marcha». Hoy son 9 los socios-trabajadores que gestionan el emprendimento. De los últimos tiempos, Pucciano destaca que los ministerios de Trabajo y de Desarrollo Social nacionales tienen sectores dedicados específicamente a las recuperadas. «Además hemos recibido un subsidio del INAES con el que compramos un centro de mecanizado y también recibimos la capacitación. Aunque es mucho el apoyo, uno quisiera que exista un solo lugar donde podamos concentrar nuestras demandas», afirma. A 14 años del nacimiento de Herramientas Unión, el sector metalúrgico del sur de Santa Fe continúa siendo escenario de experiencias de recuperación.  Fabricaciones Rosario (dedicada a la fabricación de expansores para aros de pistón, válvulas y otros componentes para equipos de GNC) forma parte del grupo de recuperadas recientes: la crisis en el taller estalló en el año 2012, cuando quedaban 22 empleados. En mayo de 2013 se decretó la quiebra y en setiembre de ese mismo año los trabajadores formaron una cooperativa para volver a funcionar. Víctor Lombardo había entrado a trabajar a la metalúrgica rosarina a los 17 años y, a los 55, se encontró llevando las riendas de una fábrica que ahora dependía de él y de sus compañeros. «La vida se nos dio vuelta –dice Lombardo, hoy presidente de la cooperativa–. Yo estoy preparado para ser un obrero, que es lo que he sido toda mi vida. Lo único que quería era cumplir mis horas de trabajo, cobrar a fin de mes e irme a mi casa tranquilo. Nunca tuve la ambición o la idea de que podíamos ser los encargados de llevar adelante la empresa. Ahora hay días que son las 9 de la noche y estoy charlando con abogados o políticos para ver cómo sigue la cosa. A mí me preguntan por qué lo hicimos y siempre contesto lo mismo: no nos quedaba otra. Yo tengo 55 años, ¿dónde voy a conseguir trabajo? A esta edad, lamentablemente, no te toman ni para barrer».

 

Reforma y derechos
Fabricaciones Rosario es una de las primeras empresas nacidas luego de la reforma de la Ley de Quiebras, modificación que inició una nueva etapa en el proceso de recuperaciones. Promulgada el 30 de junio de 2011 mediante un decreto del Poder Ejecutivo Nacional, la ley 26.684 (modificatoria de la ley 24.522) prevé una mayor participación de los trabajadores en el proceso judicial, amplía y mejora los instrumentos de notificación de las alternativas del proceso a los trabajadores y posibilita la continuidad de la explotación comercial por parte de la cooperativa de trabajo conformada por ex empleados hasta tanto la Justicia se expida sobre el caso. También permite la adquisición de los bienes con fines productivos (como las maquinarias), compensándolos con deuda salarial, y obliga al Estado a brindar asistencia técnica a los procesos de recuperación. «La idea se centra básicamente en que, en un proceso de quiebra, el objetivo esencial no puede ser la liquidación y el cobro preferente de los acreedores especulativos sino más bien la preservación de las fuentes laborales y la tutela de los derechos de los trabajadores», dicen los abogados Marcelo Amodio y Amílcar Crosio en el artículo Principio de conservación de las fuentes de trabajo en la Ley de Quiebras, publicado en el número 2013 de la revista del Instituto de la Cooperación, Idelcoop.

Lácteos La Ciudad. La cooperativa produce 5.500 kilos de queso por semana. (Jorge Aloy)

Crisis y después. Herramientas Unión nació en abril del año 2001. (Carlos Carrión)

Sin embargo, su aplicación sigue estando sujeta a la discrecionalidad de los jueces. De hecho, los trabajadores de Fabricaciones Rosario obtuvieron, por parte del juez, el permiso para seguir trabajando en el galpón que tradicionalmente ocupó la fábrica, aunque no sin dificultades y con un intento de desalojo a mediados de 2014. Por estas dificultades en los intrincados caminos de los tribunales, a lo largo de los años las recuperadas han constituido a su alrededor agrupaciones, movimientos y federaciones que aglutinan al sector. También se acercaron a los procesos funcionarios políticos, organizaciones sociales y profesionales que, en la mayoría de los casos, facilitaron el proceso y evitaron el peor desenlace. Lombardo cuenta que Fabricaciones Rosario fue asistida por numerosos actores: «Sumamos el apoyo de distintas fuerzas políticas, del INAES, del Ministerio de Trabajo, y de los abogados que nos representan». También nombra a Marcela Maccellari (abogada de FACTA), a la Federación de Cooperativas de Trabajo (FECOOTRA), a diputados de distintos partidos, a funcionarios del Gobierno nacional y provincial, a dirigentes cooperativistas. «Sin ese apoyo, hoy estaríamos en la calle», resume, y destaca el sustento fundamental que toda empresa en proceso de recuperación debe tener: el apoyo de los clientes. «Hoy tenemos los mismos clientes que había antes. Por suerte nos siguen comprando y nosotros hemos podido organizarnos manteniéndonos en nuestros puestos y redoblando los esfuerzos para poder sostener la producción. Ellos son los que permitieron sostener las máquinas trabajando».
La confianza de los compradores «de siempre» también fue el capital indispensable de Comercio y Justicia –periódico económico cordobés recuperado hace 12 años– para sostenerse y resurgir luego de que la empresa brasileña que había comprado una de las publicaciones más tradicionales de la provincia (el periódico había comenzado a circular en 1939) se declarara en quiebra en el año 2002. «Recuerdo que armamos cuadrillas de compañeros para ir casa por casa de los suscriptores a explicarles nuestra situación laboral y por qué habíamos dejado de aparecer con regularidad. Nuestros abonados, en muchos casos, llevan 40 o 50 años recibiendo Comercio y Justicia o Semanario Jurídico –otra de las publicaciones de la empresa– y toman a nuestros productos como herramientas de consulta para sus estudios jurídicos y contables. Entonces casi todos entendieron la situación de crisis y no perdimos ni la confianza ni el reconocimiento. Recuerdo a un abogado que reclamaba mucho la presencia del periódico y nos explicó que no lo hacía “de jodido”, sino que le hacía falta para trabajar», cuenta Francisco Noguera, presidente de la cooperativa que en la actualidad tiene 70 asociados y 30.000 lectores. «También ampliamos nuestros servicios como empresa gráfica, con lo cual sumamos unos 60 clientes en el sector de impresiones», añade el referente de una experiencia emblemática en toda la Argentina: en 2003, un fallo judicial otorgó a la cooperativa la explotación de manera definitiva, constituyéndose así en la primera recuperada que pasó a ser dueña de todos sus bienes. Esto es casi una rareza, dado que la propiedad de los inmuebles es uno de los puntos más conflictivos en los procesos de recuperación.

Hudson. «El principal conflicto es en
torno a la propiedad de los bienes.»

Ruggeri. «Es un fenómeno oculto en
la dinámica capitalista.»

Fajn. «Muchas empresas tendieron
a establecer vínculos con el entorno.»

«Los principales problemas que atraviesan a las empresas recuperadas son la propiedad de los inmuebles y las maquinarias, un aspecto sumamente sensible y conflictivo, dado que toca el corazón del sistema capitalista: la propiedad privada. Si bien el Gobierno nacional reformó la Ley de Quiebras dándole prioridad a los trabajadores a la hora de seguir explotando la cooperativa, debemos decir que no ha habido una decisión política más contundente en las ciudades, provincias y en la propia nación que ponga fin a la precariedad de la tenencia en un marco de presiones y aprietes de los empresarios y la Justicia contra los trabajadores», señala Juan Pablo Hudson, doctor en Ciencias Sociales y autor del libro Acá no, acá no me manda nadie, sobre las experiencias de las empresas recuperadas de Rosario y el Gran Rosario. A la par, hace referencia a la dificultad de acompasar los tiempos de las cooperativas con el vertiginoso ritmo del mercado. «Por una parte, es realmente complejo y meritorio volver a insertarse después de los desastres que hicieron los empresarios y encima hacerlo envueltos en deudas y sin financiamientos de envergadura. En ese sentido, la capacidad de aprendizaje e investigación de los trabajadores en todo lo que refiere a gestión económica, financiera y comercial es maravillosa. No todos los obreros lo logran pero en cada experiencia uno se ha encontrado con dos o tres laburantes que han desplegado un saber hacer notable sobre cómo gestionar una cooperativa. Pero retomando la relación con los mercados, la complejidad mayor radica también en los casos más exitosos. Yo estuve más de cinco años conviviendo con la cooperativa Mil Hojas, la experiencia más sólida del Gran Rosario y seguramente una de las más prósperas del país. Ahí conocí hasta qué punto los trabajadores se insertaban cada vez más en los mercados, aumentando sus niveles de producción y comercialización, pero padecían una aceleración de los tiempos internos de la cooperativa que los sometía a jornadas de trabajo extenuantes y les impedía una elaboración colectiva de los conflictos internos y, especialmente, alcanzar un aspecto clave para su autonomía: construir temporalidades propias, autónomas».
Hudson subraya además los avances en el apoyo estatal a las recuperadas, aunque, según su visión, todavía queda en ese punto un largo trecho por recorrer. «El Estado, a partir de 2004, es quien se ha ocupado de crear las condiciones mínimas para que las cooperativas puedan mantenerse en los mercados. Es decir, no protegió o inmunizó a las empresas recuperadas frente al mercado sino que las proveyó de recursos mínimos para que estas se insertaran cada vez más en esos escenarios económicos y comerciales tan cambiantes como desestabilizantes. Por ejemplo: si un cliente le solicita a una metalmecánica una herramienta nueva, diferente a las que le compraba en los meses anteriores, la empresa recuperada necesita recurrir al Estado para que le otorgue un subsidio para comprar esa nueva máquina necesaria para producirla. Suele pasar que es tal la velocidad de las demandas, que cuando el Estado aprobó el subsidio, ya el mercado cambió y entonces se pide un producto que nada tiene que ver con el anterior, en tanto entró desde China o Brasil una herramienta innovadora».
Crear redes de intercambio entre las empresas del sector, es decir, la posibilidad de constituir cadenas productivas eficientes y con permanencia a lo largo del tiempo sigue siendo una tarea pendiente. Así y todo, han proliferado en los últimos años redes que agrupan a empresas recuperadas y cooperativas de trabajo del mismo sector de actividad: la Red Gráfica Cooperativa, la Red Metalúrgica, la Textil, la Federación de Organizaciones Productoras de Alimentos (FOPAL), entre otras. Por otra parte, el movimiento argentino se destaca a nivel internacional. Según el relevamiento, «la particularidad del movimiento generado en la Argentina ha sido, entre otras, la de llamar la atención mundial sobre este tipo de procesos, por lo cual la denominación “empresa recuperada” ha sido adoptada en otros países, como Brasil, Uruguay y Venezuela, dando a la problemática un carácter internacional que, incluso, ha llegado al “mundo desarrollado”, sumido en una crisis internacional que ha desatado ocupaciones de fábricas “a la argentina” en Grecia, España, Italia, Francia e incluso en los Estados Unidos». El movimiento argentino de empresas recuperadas emerge, en este contexto, como el más profundo, constante y numeroso.

Cora Giordana
Informes: Lautaro Cossia, Emilia Erbetta y Bibiana Fulchieri