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Enfermos de discriminación

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Aunque tiene cura desde hace más de 60 años, sigue siendo la segunda causa de fallecimiento por patologías infecciosas. En la Argentina se producen dos muertes por día. Hacinamiento y mala alimentación, entre los factores que aumentan el riesgo.

 

Estrategias. Mejorar las condiciones de vivienda, una de las principales armas de prevención. (Jorge Aloy)

Luis Carrizo es un cartonero de Barracas. Hace cinco años le regalaron un colchón de dos plazas, pero apenas podía levantarlo y subirlo al carro. Estaba 20 kilos por debajo de su peso normal y tosía mucho. En el hospital Muñiz le hicieron una radiografía de tórax y encontraron unas «manchitas» en los pulmones. Cuando Luis leyó en su diagnóstico la sigla tbc, su vida dio un vuelco. «Estuve bajo tratamiento un año sin tomar alcohol ni fumar, los primeros seis meses me daban inyecciones y pastillas todos los días. ¿Sabés lo que es ser tuberculoso? Sos una lacra, la gente no quiere hablarte por miedo al contagio, te discrimina. Es el peor desprecio que hay en la vida», cuenta.
A pesar de que existe cura desde hace más de 60 años, la tuberculosis (tbc) sigue siendo la segunda causa de muerte por enfermedades infecciosas en el mundo: un millón y medio de personas muere cada año. En la Argentina se calcula un promedio de dos muertes cada 24 horas. La tbc es además un índice innegable de diferencias socioeconómicas: según datos de la Organización Mundial de la Salud (oms), el 95% de los casos se produjeron en países en desarrollo.
«Si bien en la Argentina la tasa de notificación ha registrado un leve descenso con respecto a lo observado en los años anteriores, continúa existiendo una considerable brecha entre las diferentes jurisdicciones del país con elevada concentración de casos en determinadas provincias como Salta, Jujuy y Formosa cuyas tasas duplican prácticamente la media nacional; a su vez, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires notifican la mitad de los casos en todo el país», sostiene un informe del Ministerio de Salud de la Nación que califica la situación como «un escenario epidemiológico preocupante».
En la Ciudad de Buenos Aires se registran 2.200 casos por año. «Si tomamos como referencia la avenida Rivadavia hacia el norte, quizá tenemos seis casos por cada 100.000 habitantes. Y en el sur tenemos 50, es decir, casi diez veces más», afirma Jorge Poliak, jefe del servicio de neumonología del hospital Penna. Poliak reconoce la existencia de casos no diagnosticados en poblaciones que están al margen del sistema de salud: el consumo de drogas en ranchadas de la calle, el hiv sida, el hacinamiento y la mala alimentación son factores que aumentan el riesgo de contagio.
Desde 2008 está en marcha el Programa Nacional de Control de la Tuberculosis (pnct), que distribuye medicamentos en forma gratuita en hospitales, cárceles y centros de salud.
Para Raúl Álvarez, médico generalista, epidemiólogo y excoordinador del pnct, la visibilidad social sobre el problema de la tuberculosis es escasa. «Es una enfermedad de las grandes ciudades donde hay mayor densidad demográfica, mayor crecimiento de la población y mayores condiciones de vulnerabilidad social –explica Álvarez–. La tbc no es como dicen “una enfermedad infecciosa con un componente social”, sino una enfermedad social con un componente infeccioso».
En el imaginario social la tbc es una enfermedad anacrónica, pero en algunas ranchadas del sur de la Ciudad de Buenos Aires es más temida que el sida. En la Argentina hay 10.000 casos por año y 700 muertes, en su gran mayoría, evitables. La opinión médica coincide en la necesidad de un cambio de paradigma: «Si logramos mejorar las condiciones de vida, de vivienda y alimentarias, tenemos gran parte de la batalla ganada», sintetiza Jorge Poliak.

Pablo Sartirana