Control en disputa

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El gobierno de Irak logró recuperar la ciudad de Ramadi que estaba tomada desde mayo por militantes de Estado Islámico, más conocido como ISIS. Ramadi es una ciudad clave porque está a unos 100 kilómetros de Bagdad y además es la línea directa que la conecta con Amman, la capital de Jordania. El primer ministro iraquí Haidar al Abadi señaló que la recuperación de Ramadi significaba un primer paso para erradicar al ISIS y que el 2016 sería el año de la victoria final. Pero para ello su gobierno debe retomar el control de la estratégica ciudad de Mosul en el norte, la tercera en importancia del país, ocupada por el ISIS desde junio de 2014. Mosul fue durante mucho tiempo un sitio de convivencia entre diferentes comunidades étnicas y religiosas hasta que Saddam Hussein llevó adelante un proyecto de «arabización» de la zona. El derrocamiento de Hussein no atenuó los enfrentamientos interétnicos, pero desde la ocupación de la ciudad por el ISIS, las persecuciones de los grupos étnicos y religiosos que no fueran sunnitas en la interpretación del Islam que hace el ISIS terminó convirtiendo a la ciudad en un infierno. Mosul es de vital importancia también porque a comienzos del siglo xx se descubrió petróleo. Durante la ocupación británica de Irak y Palestina –hasta 1948–, los ingleses construyeron un oleoducto para uso propio que atravesaba la Jordania de hoy y desembocaba en la ciudad israelí de Haifa sobre el Mediterráneo. En 2003, luego de la ocupación de Irak por parte de los Ee.uu., la prensa israelí difundió la información de que los norteamericanos tenían la intención de poner otra vez en funcionamiento dicho oleoducto. Según diversas fuentes, Mosul produce cerca del 40% del petróleo iraquí que estaría siendo comercializado por el ISIS y sería su principal fuente de ingresos. Esto quiere decir que para el gobierno de Irak retomar Mosul es mucho más que la lucha contra el ISIS, es una cuestión política de control del país, estratégica y –por supuesto– económica.