19 de marzo de 2025
La compulsión de las personas adultas por verse o parecer más jóvenes tiene nombre: midorexia. Más que un trastorno o un diagnóstico, un signo de la época.

Ilustración: Shutterstock
A la dificultad de aceptar el paso del tiempo o al hecho de obsesionarse con la «eterna juventud» se la conoce como midorexia. No se trata de un trastorno ni un diagnóstico clínico, sino de una tendencia a tratar de parecer más jóvenes.
Fue la periodista británica Shane Watson quien introdujo el término «midorexia» (por «middle», medio, y «orexia», apetito o deseo) en un artículo de The Telegraph titulado «Minifaldas y la belleza eterna: el auge de la midorexia», en 2016, donde hacía énfasis sobre todo en la cuestión de la vestimenta.
Según María Florencia González, psicóloga, psicoanalista y autora de Lo incierto (Editorial Paco, 2021), «cada vez más, muchos padecimientos (ansiedad, estrés, depresión, desamor) de quienes consultan se asocian con rasgos que describe la midorexia». A su vez, este problema se vincula con la existencia misma. «Que el tiempo pase, que el cuerpo cambie, implica que el ser humano (por su condición natural) podría ir camino a la muerte».
Presiones
Ana Miranda, socióloga y coordinadora académica del Área Sociedad y Vida Contemporánea de Flacso Argentina, afirma que «la obsesión por la imagen corporal puede surgir en diferentes etapas de la vida debido a factores personales, sociales y culturales. Desde los años 90 se viene tratando la juvenilización (proceso mediante el cual se construyen imaginarios sociales o modelos de ser joven). Hay una tendencia de la sociedad actual a idealizar características asociadas con la juventud, como la delgadez, la energía y la belleza», enumera. «En los adolescentes se observa una susceptibilidad a las presiones que los medios de comunicación, las redes sociales y el entorno social ejercen en la percepción de sus cuerpos, y que pueden llevar a trastornos como la anorexia. En paralelo, existe un auge de la nueva cultura de la alimentación sostenida en una industria antiedad creciente», agrega.
Para Miranda, «la midorexia va a contrapelo con lo que se ve actualmente. Las mujeres de 40 y 50 años han cambiado su actitud respecto a la vida. Hasta hace poco, las de 50 ya estábamos para tejer escarpines mientras los hombres cambiaban de pareja como cambiaban de auto. La sociedad aplaudía esto, y la mujer era descartada. Que hoy unas cuantas salgan con jovencitos me parece genial. Hay opiniones conservadoras, como que salir de fiesta o estar con personas más jóvenes no fueran acordes con la edad; pero, ¿quién determina qué actividades son acordes a qué edad?».
¿Cómo se enmarca la midorexia en una sociedad en que predomina la estética, el exhibicionismo y el hiperconsumo? «Se da una situación paradójica: por un lado, las personas mayores pueden alcanzar una vida plena, siguiendo activas en sus profesiones, a una edad en que mi madre y mi abuela eran vistas como lejos del placer y solo para el cuidado de sus nietos y nietas», señala Mónica Tarducci, antropóloga feminista y directora del Instituto de Investigaciones de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. «Una mujer de 40 años parece una de 20 (eso lo veo en mis alumnas y exalumnas). Por lo cual, también una de 60 años es percibida como mucho más joven. Un corrimiento feliz, podríamos decir. Por otro lado, esa vida activa de las mujeres grandes parecería que debe estar acompañada por una apariencia joven, producto de cirugías salvajes».
De acuerdo con González, en salud mental aún no se habla de midorexia, ya que se busca «despatologizar y no etiquetar a los sujetos con nuevas maneras de nombrar supuestas “enfermedades”. La midorexia no es una enfermedad, excepto cuando algo estructural de fondo la dispara, esto se nota en personas que, por ejemplo, relegan sus actividades de adultos, evitan responsabilidades y se evaden de la realidad intentando “hacer de cuenta de que” el tiempo no ha pasado», explica.
«Cuando alguien se obsesiona con el cuerpo y lo que hoy se llama “saludable”, a gran escala –analiza la especialista–, por ejemplo, no puede parar de pensar en eso, arriesgando su cuerpo a cirugías compulsivas, dietas no controladas por profesionales, o vive para el gimnasio, se transforma en un problema de salud mental». Internamente, «se activa la ansiedad (principal motivo de consulta) porque la contradicción la habita: quiero ser eternamente joven, pero el tiempo pasa y no será posible».
Mundo impiadoso
Tarducci subraya que, «en un mundo impiadoso, donde los valores giran alrededor del dinero, la belleza y la juventud, y la felicidad tiene que ver con la apariencia, con las cremas, con las gimnasias, con propuestas milagrosas y con las dietas que rejuvenecen, las mujeres somos víctimas propiciatorias a medida que pasan los años».
Paralelamente, en el siglo XXI se observa una infantilización de los adultos (están los llamados «adultescentes» o «kidults», con gustos y modas de chicos, y aquellos con el síndrome de Peter Pan). «Hay un empuje a ser eternamente joven, es una época muy peculiar porque nos topamos con personas volátiles e hiperconsumidoras; el discurso capitalista, como discurso amo, trata de homogeneizar y unificar las formas de gozar de cada quien sujetas al mercado. Y el hiperconsumista se identifica con todos los signos y discursos de la época para poder dar con “la talla” de eso que se impone», comenta González.
Lo anterior se da en «la moda, la estética, “lo saludable”. La idea impuesta es seguir siendo jóvenes, irresponsables de sus goces (parafraseando a Lacan y lo que llamó “la posición del niño generalizado”, o sea, aquellos mayores que no se hacían responsables de sus “goces”, para bien o para mal). Queda así segregada la posibilidad para el cuerpo del lazo social y el lugar de las instituciones (que cada vez van en mayor caída). Hay un problema mayor al respecto y es: si los adultos (as) no toman su posición, ¿qué infancias estamos propiciando?».
La midorexia puede causar problemas familiares. En particular, para los chicos podría resultar chocante que uno de sus padres se comporte como ellos. González resalta algo positivo: «Cuando la persona se siente a gusto con su edad y busca mejorar su confianza, apostando a estar y sentirse mejor cada día, allí hay un rasgo que la vitaliza». Entonces, puede ser que decida practicar algún deporte. O que se atreva a hacer algo que antes no habría hecho, como viajar sola.
Ahora, como se trata de una obsesión, la midorexia poseería tintes más bien negativos. Y las redes sociales, que convierten todo en espectáculo, contribuirían a ello. Otro tanto harían las celebridades y los políticos asiduos a los «retoques».
«Las actrices reclaman que no hay papeles para ellas una vez que llegan a determinada edad y se hacen unas cirugías que afectan la gesticulación, una herramienta fundamental para actuar, que llega al ridículo con Nicole Kidman personificando a Lucille Ball (en Being the Ricardos, 2021) sin poder mover un músculo, cuando la comediante era graciosa justamente por sus monerías…», dice Tarducci.
Nota al pie: Nada se puede prolongar eternamente.