Señales

El torrente que no descansa

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Un joven de 17 años, alto y delgado, entró a la Casa de las Madres de Plaza de Mayo y miró ansioso entre los libros. Juana Meller de Pargament le preguntó qué necesitaba. El muchacho dijo: «Quiero este, ¿cuánto sale?». «Si vos tenés a alguien desaparecido o vas a hacer un trabajo sobre las Madres, te lo regalamos», contestó Juanita. «Sí, tengo a mi padre desaparecido», respondió el chico. «¿Y quién es tu padre?», preguntó ella. «Mi padre es Alberto Pargament». De este modo, ella se reencontró con su nieto, a quién no veía desde que era un bebé.
Muchas décadas antes del singular episodio, Juanita –así la llamaron siempre–, nacía en Domínguez, Entre Ríos, en julio de 1914. Ya de muchacha militó por la libertad de Sacco y Vanzetti y de Simón Radowitzky. «Ellos sentían que la acción directa era un camino liberador. Y tenían una entrega desinteresada de verdadero amor a la causa. Nadie me ha podido demostrar algo semejante, solo nuestros hijos», afirmaba a los 90 años.
En noviembre de 1976 el médico Alberto Pargament fue secuestrado por  la dictadura. Los uniformados le preguntaron si era judío y asumiendo lo que vendría respondió: «Sí». Fue desde aquel día que Juanita se unió a otras mujeres  laceradas por el dolor. Su primera tarea en Madres fue la de «tesorera», luego de juntar en una bolsa de nylon el dinero para una solicitada publicada en La Nación, en diciembre de 1977, mes en que  la dictadura desapareció a tres referentes de la organización: Azucena Villaflor, Mary Ponce y Esther Careaga. Juanita marchó hasta el último día de vida, en la Plaza y en las calles. Y hasta se hizo espacio para la literatura. Así, le escribía a su hijo: «Son esos pies/ que cuando chica/ los metía en el charco para sentir/ su frescura, como capricho./ Son esos pies/ que cuando llovía/ hacían que corriera/ para mojarme, y sentir/ algo distinto./ Son estos pies/ con los que recorrí el asfalto/ tantos días, tantos años/ tantas calles, y atravesé/ tantos ríos./ También con ellos/ me fui muy lejos, siempre/ buscándote –buscando amigos/ que me hablaran de vos– buscando sitios/ que te guardaban/ Todo fue inútil. / ¿Los pies? Siguen cruzando/ todos los caminos, sin descansar/ como el torrente que no descansa/ ni descansará/ jamás».  Murió el pasado 26 de febrero. Tenía 101 años.

Oscar Castelnovo