Opinión | A fondo

Las pymes, sin lugar en el país del «cambio»

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Los vamos a sorprender», dijo a un grupo de dirigentes empresarios, entre los que me encontraba, el ministro de Producción, Francisco Cabrera, cuando, a comienzos de febrero, se pedían medidas ante la crítica situación de las pymes. Pasaron más de dos meses y no hubo sorpresa. El inexorable plan diseñado por las usinas de los monopolios golpeó impiadosamente a los sectores populares. Desde finales de noviembre de 2015, los sectores formadores de precios y principalmente los agroexportadores hicieron sentir el enorme poder económico que detentan para cubrirse para la inminente megadevaluación. Quizás el aumento de la harina de más del 100% fue su máxima expresión, pero no la única. Luego de la asunción del nuevo gobierno, se inició un lento deterioro del  mercado interno, que se fue agigantando como resultado de la inflación, los despidos, la no actualización del poder adquisitivo de los salarios y la traslación de recursos a los sectores concentrados de la economía a partir de medidas fiscales, administrativas y monetarias (entre ellas, devaluación, quita de retenciones, ausencia de controles). Hoy las pymes se encuentran en un escenario difícil, impensado tan solo hace siete meses atrás. Una combinación de nocivas situaciones afecta su desenvolvimiento. Fundamentalmente, el achicamiento del mercado interno y el aumento de costos. A modo de síntesis: A) Deterioro desde noviembre del nivel de actividad, ventas y producción. B) Aumentos  constantes de precios, no solo de los artículos exportables sino también de  insumos difundidos para un gran número de pymes. C) Encarecimiento y falta de crédito para capital de trabajo, afectado por la retracción de mercado y la traslación de recursos de nuestras pymes vía devaluación. D) Brutal incremento en el costo energético, electricidad y gas que en algunos casos supera el 700%. E) Resoluciones de la afip, que restringieron y encarecieron la financiación de deudas impositivas. F) Incremento de los costos de logística a partir de aumentos de combustibles y peajes y quita de subsidios. G) Ingreso de importaciones que compiten ruinosamente con productos de fabricación nacional y de economías regionales. H) Aumento en el costo de las telecomunicaciones. I) A la inequidad impositiva se agrega ahora la enorme presión recaudatoria manifestada en miles de intimaciones y  embargos en cuentas corrientes bancarias que colocan al borde del colapso a un gran número de pymes. Estas son solo algunas de las consecuencias  del abandono por parte del Estado de su rol  regulador e impulsor de la demanda y la actividad productiva. Hay mensajes explícitos e implícitos del gobierno que pesan negativamente sobre el ánimo y las decisiones de los empresarios nacionales. Entre ellos, la ausencia manifiesta, no solo en las medidas, sino también en los discursos,  de las pymes, su rol y sus necesidades. Se suma a esto la perspectiva  de integración de la Argentina en zonas de libre mercado y, como consecuencia, la incertidumbre acerca de las políticas de importaciones. La retracción del Estado en proyectos asociativos con pymes (la mayoría de ellos de carácter estratégico) y donde muchas de estas empresas ya han invertido y no encuentran respuesta. Es incierto también el destino de una gran cantidad de obras públicas donde hay miles de pymes subcontratadas y vinculadas. Ante este panorama, los principales funcionarios proclaman como única propuesta que hay que esperar un futuro mejor una vez que las variables macroeconómicas se acomoden. No dan respuesta a los reclamos de sustentabilidad de las pymes. En su lugar impulsan el emprendedorismo como panacea, regresando a remanidos conceptos de exaltación del individualismo y el éxito personal como meta, en un contexto de alta desocupación y precarización fruto de las políticas que ellos mismos aplican. Estas situaciones constituyen un cóctel de resultado mortal para las pymes, y por ende, del aparato productivo nacional y el trabajo. Por esta razón, más allá de distintas visiones y expectativas ante este gobierno, el sector se halla en estado deliberativo, se autoconvoca y advierte a los poderes del Estado que no puede esperar a setiembre porque su situación es de emergencia. También se extiende entre los empresarios pymes  la idea de que no es posible rectificar rumbos, defender conquistas y derechos si no se actúa en conjunto con otros sectores que sufren un modelo económico y social que no los contiene. Pequeños productores agropecuarios y ganaderos, cooperativistas, micropymes industriales, comerciales y de servicios, profesionales y trabajadores de todos los ámbitos, están llamados a hacerse dueños de sus destinos.

Crisis económica. Golpes impiadosos a
los sectores populares y a las pymes. (Jorge Aloy)