Cultura

Fuego sagrado

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En el estreno de La señorita Julia en el CCC, la actriz confiesa sus miedos antes de salir a escena. Dirigida por Cristina Banegas, interpreta a un personaje intenso y emocional. Su proyecto de filmar una película y su defensa de la autogestión.

 

Pasional. Gustavo Suárez y Blanco en una escena de la obra del sueco Strindberg. (Prensa La Señorita Julia)

Belén Blanco irradia actuación por donde se la mire. Tiene cara de muñeca seria, habla despacio y con cuentagotas y, en principio, parece observar con desconfianza. Ella dice que antes de cada función está concentrada, que rara vez da notas «en estas condiciones». La ocasión es, además, el estreno de La señorita Julia en el Centro Cultural de la Cooperación. Antes de salir a escena, confiesa sus temores. «Me tiembla el cuerpo, tengo palpitaciones. Suelo tener esas sensaciones, no me preocupan porque me conozco, pero cuando estreno todo se incrementa», dice la actriz, que lleva adelante un rol muy físico y mental.
Con tantos kilómetros recorridos en su carrera, asegura que no hay fórmulas para mitigar «este fuego que nace en el estómago». «Para todo intérprete actuar es un miedo. Todos queremos superarlo. Pago por conseguir ese antídoto. Por suerte mi miedo es activo, en movimiento, no es un miedo que me paraliza», confiesa. Las exigencias de su papel en la obra juegan un partido aparte. «Julia es un personaje muy físico, que en escena llora, grita, se arrastra, enloquece, se rinde, se recupera, seduce. Uf, es agotador, termino molida. Un cóctel explosivo: temor y agotamiento», lanza, y sonríe.
Más allá de esas sensaciones, Blanco vuelca en el escenario toda su experiencia y sus 39 años de vida, que le dan prestancia, solidez y amplitud de registro. «El texto es muy poderoso. El personaje, tan atormentado, tan intenso y exigente, es de esos que te implican nuevos desafíos. El autor, el sueco August Strindberg, es uno de los dramaturgos que siempre se quiere llevar a escena. La adaptación es de Alberto Ure y Cristina Banegas, que además me dirige y a quien admiro mucho. La verdad es que quería esta demanda emocional en este momento de mi vida», susurra la actriz, que ya se había lucido en Querido Ibsen, soy Nora, del noruego Henrik Ibsen.
El camino de la creación de un personaje puede ser largo o corto, dice, depende de cada intérprete. «Algunos trabajamos de manera más intuitiva y otros, más racional. A mí me interesa mucho saber qué quiere el director e intento siempre entrar en su mundo. Busco ver y observar, en este caso a Cristina Banegas, para entrar en la forma que tiene de expresarse. En el caso puntual de La señorita Julia, curiosamente, me divirtió mucho ensayar, sobre todo porque Cristina, como directora, te hace vincular mucho con el motor primario del personaje».
En el horizonte de la actriz asoman otros proyectos, todavía sin definiciones a la vista. «Pinta un año muy duro, ni idea qué va a concretarse de las cosas que tengo en mente. Lo bueno es tener proyectos, metas, zanahorias. Y yo tengo una película que quiero hacer, de Pablo Reyero, un director que me gusta mucho. Y montar la obra Hedda Gabler, con dirección de Cristian Drut. Veremos, todo está difícil. Por eso trato de autogestionar los proyectos, para depender lo menos posible», explica.
«La autogestión es una palabra que la tengo acá», dice, mientras junta sus yemas y se las lleva a la frente. «Es muy bueno, yo siento que hay que producir no solo para no depender del llamadito, sino para hacer lo que uno quiere, lo que uno sueña». La misma estrategia que intenta desplegar en el mundo del cine, un ámbito que la apasiona. «Después de incursionar en el corto, ahora quiero terminar un largometraje, pero no me concibo cineasta, la verdad. Solo me gusta el cine y trato de hacerlo como puedo, de la manera que puedo y con los pocos recursos que tengo». «El cine es un campo autoral que me permite explorar algo más personal e intelectual, y tomar mis propias decisiones», agrega. De a poco, esboza un esqueleto de ese proyecto cinematográfico que la desvela: «Es una película que estoy escribiendo y que también voy a dirigir, que se llama La naturaleza, y es sobre la maternidad. Tiene lugar en el campo, cerca de donde yo nací, en Casbas, en el partido de Guaminí, en la provincia de Buenos Aires. Reconozco que es un lugar con un paisaje, una atmósfera y un sonido que me inspiran».

Javier Firpo