Voces | PALABRA Y REALIDAD

La revolución cultural

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Si bien Adolfo asegura que todos sus galardones los donó a la UBA y que su biblioteca va a ir a parar a la sede del SERPAJ, hay algunos orgullos de los que no se desprenderá. Al final de la entrevista, se levanta de la silla e invita a recorrer su estudio, atiborrado de trabajos en artes plásticas, tarea a la que siempre se dedicó profesionalmente. «Vengan que les voy a presentar a unos amigos», dice. Y ahí están en portarretratos junto a él: Fidel Castro, Hugo Chávez, un monje que conoció en Japón, una carta que le envió monseñor Romero días antes de ser asesinado en El Salvador y una foto suya en Brasil en la que se ve en el reflejo de sus lentes a un niño sufriendo hambre en una favela.
Así surge en la charla lo que está sucediendo en Río Negro con las comunidades mapuches: «No les dejan entrar comida, abrigo, los marginan. Todo por orden de la gobernadora y los jueces. Dicen que son usurpadores, lo dice Jorge Lanata. Pero no dice nada sobre el millón de hectáreas que tiene Benetton en tres provincias patagónicas. Están violando la Constitución y los pactos con las Naciones Unidas que Argentina firma todos los años. Pero son pobres. Lo que Francisco llama “los descartables”». En ese momento reflexiona: «Para mí la gran revolución es cultural. Es un cambio de paradigma. Es hacer caminar la palabra para cambiar la realidad que vivimos. Hoy tenemos una dominación cultural feroz a través de los medios de comunicación. Es el monocultivo de las mentes».
De repente suena el teléfono, es de una universidad en Perú, pone el altavoz y nos dice: «Escuchen esto, es muy importante. Están envenenando a los niños con plomo en las minas». Su interlocutor cortésmente pide disculpas por las demoras en los datos, Esquivel se impacienta: «Bueno, bueno, espero su llamado». Nos mira e insiste: «Estos temas son los que no pueden esperar». El tour por los recuerdos se detuvo por un momento. La lucha de Pérez Esquivel no se detiene.

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