Informe especial | EFECTO GEOPOLÍTICO

Objetivo mundial

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El pase de Lionel Messi de Barcelona a París Saint-Germain es una pieza clave en el nuevo rompecabezas del fútbol. Y, en un punto, que Messi desembarcara en el París Saint Germain respondió a una lógica previsible. PSG, club-Estado adquirido por Qatar en 2011, gastó desde entonces 1.391 millones de euros en fichajes, con Neymar (222) a la cabeza en 2017. Neymar jugaba en Barcelona, cuya camiseta lucía por primera vez en la historia una publicidad en el pecho: Qatar Foundation. En paralelo, la Fundación Messi había firmado en 2013 un convenio con la empresa de telefonía qatarí Ooredoo. Sede del Mundial de 2022, Qatar es foco de denuncias por violación a los derechos humanos, por las condiciones infrahumanas de los trabajadores inmigrantes y por el lugar de las mujeres en la sociedad. «Con Messi –dijo el sociólogo del deporte Fernando Segura Trejo–, PSG terminó de cumplir con el objetivo geopolítico y económico».
El dueño de PSG es el emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Zani. Nasser Al-Khelaïfi, magnate amigo de Al Zani, es el presidente de Qatar Sports Investments, fondo de inversión de Qatar al que pertenece el club francés. Son los dineros del gas y el petróleo en el fútbol, sin control en Francia a partir de la suspensión de la Ligue 1 de las reglas del fair play financiero hasta 2024, un artilugio a partir de la crisis de la pandemia. La transferencia de Messi a PSG –36,5 millones de euros por dos temporadas, más otra opcional– auspicia una nueva etapa en el concierto global de la pelota, con el comando de la geopolítica. Messi había estado cerca de irse el año pasado a Manchester City, club-Estado de Abu Dhabi, uno de los territorios de Emiratos Árabes Unidos. Según la revista Forbes, PSG es el club deportivo que más creció en los últimos cinco años: 207%, con un valor de 2.500 millones de dólares. Al-Khelaïfi, el presidente de PSG, es además el director de la cadena de medios de comunicación qatarí bein Sports. Siempre el peso de la imagen.
El Mundial de Qatar 2022 será el primero fuera de calendario, ya que se jugará entre noviembre y diciembre. El expresidente de la federación qatarí Mohammed bin Hammam, se especula, repartió 3,6 millones de dólares en coimas para torcer el voto de 30 miembros de la FIFA en 2010. Un informe de febrero de The Guardian indicó que al menos 6.500 trabajadores inmigrantes murieron en Qatar desde que fue elegido como organizador. Hacinamiento en los campos de trabajadores, temperaturas infernales en las horas de trabajo y hasta la quita del pasaporte que rige por el Sistema Kafala. Qatar, el país con el PBI per cápita más elevado del mundo, construyó un aeropuerto, siete estadios, rutas, hoteles y una ciudad. El Mundial se jugará en ocho estadios distribuidos en un radio de 40 kilómetros.
Messi, ahora, está en París; pero, de algún modo, ya empezó a viajar hacia Qatar, donde buscará levantar el segundo trofeo con la selección tras su consagración en Brasil. «Qatar quiere que PSG gane la Champions League el próximo año. Si la gana, en noviembre Qatar alberga el Mundial. La marca nacional, el “poder blando” y los beneficios en la reputación son parte de la estrategia de Qatar», señaló Simon Chadwick, exfutbolsita y profesor de Geopolítica Económica del Deporte en la Universidad de Leeds. La estrategia de Qatar –un país del Golfo Pérsico de 11.571 kilómetros cuadrados– apunta a futuro: algunos ya sitúan a Messi luego de PSG y el Mundial de 2022 en el sueño americano de Inter Miami, el club de David Beckham en la MLS de Estados Unidos. Beckham jugó en PSG y su Inter Miami tiene en la camiseta a Qatar Airways. Una década después del desembarco qatarí en París, PSG suma siete de las últimas nueve Ligue 1. Ahora tiene a Messi, el futbolista del siglo XXI. Adentro de la cancha y, sobre todo, afuera, en ese juego cada vez menos invisible.

Eal Khelaïfi. Titular de Qatar Sports Investments.

DE SAKUTIN/AFP/DACHARY

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