En la localidad bonaerense de Berazategui, un grupo de trabajadores se organizó de manera cooperativa para brindar servicios de mantenimiento de áreas verdes públicas y privadas. Hoy tienen entre sus proyectos importantes obras urbanas.
13 de febrero de 2019

El Parque Industrial Plátanos, ubicado en la localidad bonaerense de Berazategui, alberga a un grupo de trabajadores que, en octubre de 2013, decidió apostar por la forma cooperativa. Hormigas Podadoras fue el nombre que eligieron para bautizar el emprendimiento, dada su actividad principal: realizan mantenimiento de parques y jardines. También albañilería y pintura. Sus 16 asociados viven en el partido de Berazategui y se conocían desde antes de formar la cooperativa, dado que casi todos son vecinos del barrio, fueron juntos a la escuela o tienen algún parentesco.
Recién llegados de una jornada laboral intensa, reciben a Acción en el galpón en el que guardan sus herramientas de trabajo. En un espacio con una mesa y una cocina ofrecen algo fresco para beber y dan la bienvenida a lo que ellos llaman «el hormiguero». «Cuando empezamos teníamos seis desmalezadoras y con el tiempo hemos ido creciendo en herramientas, máquinas, tenemos una camioneta, grupo electrógeno. Es un orgullo para nosotros, que somos como una gran familia», cuenta Juan Palavecino, presidente. La iniciativa de fundar la cooperativa nació a partir de una propuesta de la administración del Parque Industrial que tenía a Palavecino y otros asociados contratados para el mantenimiento de las áreas verdes. «De esa manera podíamos ampliar nuestras posibilidades laborales y ellos nos apoyaron prestándonos este espacio y con los trámites para estar inscriptos en el INAES», explica.
Todoterreno
Si bien la mayoría de los trabajos de las Hormigas Podadoras fuera del Parque Industrial son para el municipio de Berazategui, también trabajan para barrios privados y casas quinta. Con el tiempo, los servicios se ampliaron. «Ahora estamos haciendo la bicisenda de la avenida Vergara, que es una de las más importantes de la ciudad, y vamos a construir los vestuarios y los baños del Club Berazategui, obras que nos demandan una gran responsabilidad», cuenta Jesica Palavecino, una de las dos mujeres que forman parte de la entidad.
Si bien no les falta trabajo, especialmente en la temporada primavera-verano, los aumentos constantes en los insumos y servicios son una dificultad cotidiana. «El combustible es lo que más nos pega porque nosotros hacemos los presupuestos para las licitaciones con varios meses de anticipación y como son obras para el Estado terminamos cobrando a 90 o 120 días, con un escaso margen de ganancia», cuenta el presidente.
Para capacitarse en aspectos administrativos, han recibido asesoramiento de parte del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. «En 2018 nos han dado un curso aquí en el Parque en el que nos enseñaron a armar un plan de negocios. También contamos con el permanente respaldo del Banco Credicoop filial Berazategui», asegura el presidente de la entidad.
La edad de los asociados oscila entre los 20 y los 35 años y la cooperativa es para ellos no solo un lugar de trabajo sino un espacio de contención. «La mayoría de los muchachos se han construido sus casas y otros están en esa tarea. Desde la cooperativa se les presta las herramientas de albañilería y se les otorgan préstamos en caso de que lo necesiten», dice Juan Palavecino. «Soy el más viejo –remata– pero ellos son jóvenes y tienen todo un futuro por delante. Saben que lo que hay invertido acá es el fruto del trabajo diario y nos pertenece a todos. Por eso tenemos que cuidar la fuente laboral y remar todos juntos para salir adelante en un contexto económico muy difícil para los trabajadores».
