26 de octubre de 2023
«Tengo mi taller en Punta Indio. Es un lugar muy salvaje de siete hectáreas que fui desarrollando con el tiempo y ahi construí mi casa de campo», cuenta el artista. «También desplegué mi arte en la jardinería y tengo plantas y flores y estoy rodeado de bichos que amo y muchos de ellos inspiran mis obras. Conocí ese lugar por Shaw, del Banco Shaw, que era muy amigo de Romero Brest. En los 70 no era muy conocido y no era caro. Cuando llegué no había ni luz. Ahora sí, hay una suerte de cooperativa que nos da el suministro. Allí tengo tres caballos y un sulki que manejo yo, para recorrer el campo y andar por el pueblo. Es mi refugio. Vengo a la capital, a mi casa de Quintana, porque el que me cuida el campo tiene un remise y me trae; después me vuelvo con un amigo que vive ahí. Parte de estar feliz es estar en contacto con la naturaleza. Es el equilibrio que necesito».
