Informe especial | TIERRAS VIRTUALES

Decentraland

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En las difusas fronteras de la tecnología, antes de que las cosas estén claras, surgen negocios que muchas veces aprovechan la compleja jerga tecno para generar expectativas y ganar dinero. Un ejemplo de esto es lo que ocurre con blockchain, la base tecnológica sobre la que se sustenta bitcoin y que permite registrar de manera inviolable (en principio) acuerdos dentro de una red. Detrás del crecimiento de la red bitcoin surgieron todo tipo de proyectos basados en la misma tecnología para crear nuevas criptomonedas, fan tokens de equipos de fútbol (https://www.lmneuquen.com/llego-messi-y-la-criptomoneda-del-psg-duplico-su-cotizacion-una-semana-n833735), NFT de obras de arte (https://www.pagina12.com.ar/331806-la-locura-del-capitalismo-tecnofinanciero), juegos en los que se gana dinero (https://www.pagina12.com.ar/384992-nuevo-cripto-boom-los-juegos-play-to-earn) o, incluso, de jugadas de algún deporte. En definitiva, se trata de complejos sistemas para crear activos propios o transformar en activos cosas tan difusas como contenidos que todo el mundo puede ver y descargar de internet. La base del negocio son las expectativas que generan.
De alguna manera el Metaverso es también la base sobre la que se construirán muchos otros negocios. Un ejemplo son los recientes anuncios de startups de bienes raíces que ofrecen «tierras virtuales». Una de ellas es Metaverse Group, que creó un mundo llamado Decentraland (decentraland.org/), en el que hay distritos para apostar, hacer compras, de moda y artes. Ahora la idea es comenzar a vender las 90.000 parcelas que tendrá en oferta ese espacio y atraer a grandes marcas para que ofrezcan sus productos. La expectativa es que, aún con un eventual fin de la pandemia, la gente prefiera mantener sus actividades en el mundo virtual, desde teleconferencias hasta recitales, solo que ahora lo harían en una experiencia más inmersiva como la que promete el Metaverso. De hecho ya se han vendido las primeras parcelas por 2,5 millones de dólares.
Otra de las iniciativas es SuperWorld (www.superworldapp.com) que reproduce virtualmente el mundo material y lo dividió en 65.000 millones de parcelas que se pueden comprar como NFT. Allí alguien podría adquirir el Coliseo Romano o la Bombonera. Más allá de que algún fanático podría comprar este tipo de espacios como un chiste, existe la idea de que puede ser una (riesgosa) inversión. Los primeros bitcoins podían comprarse por centavos mientras que ahora su cotización oscila alrededor de los 50.000 dólares. La inversión inicial resulta ridícula al lado de las expectativas de ganancias, lo que puede generar una profecía autocumplida. Pero lo cierto es que se han creado cientos de criptomonedas desde el surgimiento de bitcoin prometiendo ser su sucesora, y muchas de ellas no generaron atención o demostraron ser simples esquemas piramidales. Algo similar puede ocurrir con SuperWorld o Decentraland que buscan concretar la profecía de que se transformarán en algo valioso, lo mismo que seguramente intentarán muchos otros negocios por venir.

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