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Todas las violencias

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De acuerdo con el informe de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, durante el año de la pandemia una mujer fue asesinada cada 35 horas. El relevamiento que suele realizar la Oficina de la Mujer del máximo tribunal expuso que 251 mujeres fueron asesinadas durante 2020: 244 mujeres cis y 6 mujeres trans-travesti. De ellas, el 84% tenía un vínculo previo con el femicida, mientras que –según el documento– 41 víctimas habían realizado una denuncia formal. Entre tantos números, hay un dato atroz: del 20 de marzo al 7 de junio, cuando regía el encierro y las medidas más restrictivas, los casos subieron un 37,5% respecto de igual período de 2019.
–¿Qué pasó en un año sin escuelas y sin ESI?
–La verdad es que aunque la escuela no fuera presencial, era obligación incorporarla. Aunque sabemos que fue bastante difícil. Igualmente cuando pienso, por ejemplo, en estos sucesos de Fernando Iglesias y sus dichos, también veo que todos hablan de «violencia simbólica», eso es un paso enorme. Pensemos que en la década del 80 la violencia contra la mujer no tenía nombre. Y ese es el paso hacia entender que la violencia no se reduce al golpe, que hay violencia cuando te controlan el patrimonio o percibís un menor sueldo, o cuando vamos a parir y nos obligan a hacer determinadas cosas, o cuando un diputado identifica a una mujer que está cerca del poder como una puta o un florero, y que son violencias que ayudan a reproducir a las más extremas, a aquellas que ponen en riesgo nuestra vida. Creo que ese es un proceso que Argentina viene dando en un camino.
–Sin embargo, insisto, luego nos enfrentamos con fallos como el del Tribunal Oral de Mar del Plata por el femicidio de Lucía Pérez.
–Igualmente arriesgo una lectura, yo tengo la sensación de que este año, sobre todo a partir del femicidio de Úrsula Bahillo, hubo una interpelación muy directa al Poder Judicial. Creo que hubo algo de escucha. Tampoco debemos olvidar que no es un universo homogéneo, en Argentina hay veinticinco poderes judiciales, uno por provincia y uno federal. Y si tomamos las consultas que nos hicieron en este último año, habla de un diálogo muy fructífero, con una potencia muy grande. Porque más allá de que es un poder conservador, elitista, machista, alejado del contralor social, no hay dudas de que es un poder que también habita una sociedad y esa sociedad lo está interpelando. Una encuesta del Observatorio de la UCA indica que el Poder Judicial tiene una credibilidad del 6%. En este sentido, más que a normativas, estas transformaciones están y deben estar vinculadas a prácticas, a modos, a formas de pensar y de actuar cotidianamente.

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