Enigmas panameños

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El triunfo de Laurentino Cortizo abre expectativas para enfrentar la creciente desigualdad entre ricos y pobres. Pero también interrogantes respecto de su posición sobre los tratados de libre comercio, el vínculo con la región y la problemática de género.

Opositores. Cortizo saluda a los seguidores luego de imponerse por estrecho margen en las presidenciales de comienzos de mayo. (Acosta/AFP/Dachary)

Ni para celebrar un cambio en el horizonte ni para lamentar una continuidad de gestión: el triunfo de Laurentino «Nito» Cortizo ubicó en el gobierno a un hombre del partido vinculado al general Omar Torrijos, nominado por la Constitución como «héroe de la Revolución Panameña». La llegada del empresario de 66 años al poder abre esperanzas, pero también fuertes interrogantes. ¿Quién asume en el Palacio de las Garzas, sede del gobierno nacional? ¿El que dijo «no» a un acuerdo comercial con Estados Unidos o el que reconoce a Juan Guaidó como presidente de Venezuela? ¿El que se propone terminar con la desigualdad en su país o el que rechaza ampliar derechos civiles a mujeres y minorías sexuales? La tierra del canal interoceánico y las canciones de Rubén Blades vió crecer su economía al ritmo de las elogiadas «tasas chinas», pero exhibe preocupantes índices de pobreza. El desafío de Cortizo, quien logró que el Partido Revolucionario Democrático (PRD) regrese al poder, se asocia al de otros gobiernos recientes en la región: cómo distribuir la riqueza de manera más equitativa. Y al que se le suma otro no menor vinculado con darle mayor transparencia a una nación que quedó expuesta por la evasión fiscal de poderosas personalidades en los denominados «Panamá Papers». (ver recuadro).
«Convoco a todos los panameños para enderezar el rumbo y construir puentes para un país próspero y, sobre todo, justo», declaró Cortizo al asumir. Prosperidad existe, aunque los beneficios no se reparten de manera justa. El PIB –que supo crecer a un promedio del 7% a lo largo de una década, la renta más alta de Latinoamérica– se expande en un 4% anual. Y sin embargo, según datos del Banco Mundial, los ingresos del 10% de la población más acomodada es 35 veces mayor al del 10% de los sectores más bajos. Por otra parte, y sobre la base de un ranking que se dedica a confeccionar todos los años el Banco suizo UBS, la capital del país es una de las veinte ciudades más caras para vivir. Pero en siete de las diez provincias del territorio nacional, la indigencia extrema trepa al 60%. Si bien la tasa de desempleo no supera el 6%, los trabajadores registrados y los informarles se dividen en mitades exactas.
Existen otros focos de incógnitas en torno del flamante mandatario. «La equidad de género y el respeto a las mujeres es un derecho, no una concesión», declaró Cortizo en campaña. Es lo más cercano que estuvo, en términos de declaraciones públicas, de una política social realmente inclusiva. Había ya tropezado con una frase contra el matrimonio igualitario. «Estoy a favor de la familia, es decir, de la unión entre el hombre y la mujer», dijo. Las uniones civiles eran considerados delitos hasta 2008. El cambio de género solo se permite si quien lo solicita acredita haberse realizado una «cirugía por reasignación de sexo». Ninguno de los candidatos presentó propuestas para el colectivo de gay, lesbianas y transexuales. Mucho menos propusieron legislar a favor de la interrupción voluntaria del embarazo. Como en Brasil, el auge de las iglesias evangélicas no se detiene y con ese avance se demoran conquistas que otros países del continente lograron.

Otras elecciones
Tampoco está clara su posición respecto de la política de acuerdos comerciales con Estados Unidos. Antes de ser presidente, sin ir más lejos, Cortizo había tenido un fugaz paso por la función pública. Fue en 2004, bajo el gobierno de Martín Torrijos, hijo del histórico líder. «Nito» asumió como ministro de Desarrollo Agropecuario y duró apenas quince meses en el cargo. Renunció al negarse a firmar por pedido de la Casa Blanca una flexibilización en los controles fitosanitarios que, según Cortizo, perjudicaría a los productores rurales de su país. Ya al frente del Gobierno, el mandatario aseguró que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, «guste o no nos guste, es un tratado que tenemos que respetar los panameños», aunque «existen cláusulas dentro del tratado que nos permiten hacer una solicitud de revisión». No aclaró aún qué líneas del acuerdo serán observadas y mantuvo la mesura. «Obviamente con Estados Unidos tenemos que ser cautelosos cuando solicitamos revisar tratados porque es nuestro principal socio», dijo Cortizo.
Panamá, a la vez, es uno de los 54 países que aceptó reconocer a Juan Guidó como presidente de Venezuela. «Quién tiene relación (con Guaidó) es la República de Panamá, no yo, eso hay que respetarlo», se atajó Cortizo. El mandatario entiende que «el problema no es solamente (el presidente Nicolás) Maduro, hay otros factores». Y aunque no lo rechaza, tampoco demuestra un alineamiento obediente al llamado «Grupo de Lima», organismo multilateral que –con Argentina entre ellos– embiste contra el sucesor de Hugo Chávez. Otra vez sin definiciones tajantes, Cortizo dijo que «aprecio mucho el esfuerzo de los países (del Grupo de Lima), pero yo me pregunto qué tanto han avanzado. ¿Han avanzado hasta llegar a un acuerdo que no excluya a nadie? Allí hay un interrogante». El jefe de Estado panameño aseguró –sin mayores precisiones– que «voy a hablar cara a cara con cada uno de los autores en esa situación de derramamiento de sangre que ningún venezolano se merece».
La expectativa por Cortizo divide aguas. Los comicios que lo hicieron presidente no reflejaron hegemonías: el ganador obtuvo el 33% de los votos, apenas dos puntos por encima del segundo; tercero quedó un candidato independiente, con el 20% de los sufragios. Como otras naciones del centro y sur del mapa continental, Panamá debe resolver qué modelo de país elige. Si el de unos pocos privilegiados o el de mayorías con niveles dignos de bienestar.

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