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La temporada presenta importantes cambios reglamentarios. Repaso histórico por una competencia que en los últimos años tuvo un gran dominador: el alemán Sebastian Vettel.

 

Largada. Los organizadores introdujeron modificaciones para lograr mayor equilibrio en la competencia y recuperar atractivos. (Rahman/AFP/Dachary)

La historia cuenta que para el Gran Premio de Mónaco de 1933 todos los autos que participaron de la competencia fueron pintados con los colores de los países que representaban: el azul fue para Francia, el verde le correspondió a Inglaterra, el rojo se convirtió en sinónimo de Italia, el amarillo se identificaba con Bélgica y el blanco era decir Alemania. Un año más tarde, los alemanes decidieron despintar la carrocería de los vehículos de la compañía Mercedes-Benz buscando reducir el peso y acentuar su predominio en el automovilismo de entreguerras: a partir de entonces pusieron en pista autos plateados que los cronistas de la época no tardaron en llamar «flechas de plata».
Por entonces, las carreras no eran otra cosa que un organigrama de grandes premios europeos, que se realizaban en caminos ruteros o en los pocos circuitos cerrados que se habían construido en el Viejo Continente, como era el caso del mítico Autódromo Nacional de Monza, Italia, inaugurado en 1922. El posterior desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial interrumpió el desarrollo de las competencias, y en 1950, luego de la institucionalización de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), se puso finalmente en marcha el Campeonato de Fórmula 1 (F1). Mercedes-Benz formó parte de aquellos años iniciales, junto con otras marcas como Alfa Romeo, Lancia, Maserati, Talbot, BRM (British Racing Motors), Lotus o Ferrari, la única escudería que ha perdurado a lo largo del tiempo. Sin embargo, una serie de accidentes trágicos hicieron que la compañía alemana se alejara de la máxima categoría del deporte motor y dedicara sus mayores esfuerzos al diseño de automóviles de alta gama, convertidos desde allí en uno de los fetiches preferidos del capitalismo de elite. El último triunfo de Mercedes-Benz antes de su alejamiento de la F1 fue precisamente en Monza en el año 1955 y sirvió para que el argentino Juan Manuel Fangio obtuviera su tercer título del mundo.
Tuvo que pasar más de medio siglo para que la escudería regresara a la F1. En 2009 compró las acciones del equipo Brawn y conformó la escudería Mercedes-Benz Grand Prix, con los alemanes Michael Schumacher y Eric Nicolás Rosberg como pilotos oficiales. Hoy, tras el accidente de esquí sufrido en diciembre pasado por el múltiple campeón, son Rosberg y el británico Lewis Hamilton, campeón en 2008, los encargados de recuperar la gloria alcanzada en los tiempos de Fangio. Asimismo, y tal como se preveía en los ensayos preliminares al inicio de la temporada 2014,  las modificaciones reglamentarias impulsadas por la FIA en materia técnica y deportiva han resultado un dato promisorio para Mercedes-Benz. Los triunfos de Rosberg en Australia y de Hamilton en Malasia parecen confirmarlo. ¿Podrán las nuevas «flechas de plata» sostener estos presagios? ¿Podrán desbaratar el dominio del piloto alemán Sebastian Vettel, campeón de las últimas cuatro temporadas al comando del equipo austríaco Red Bull?

 

Equilibrios y curvas
Seguir la historia de la F1 implica transitar un camino de permanentes avances tecnológicos y cambios reglamentarios. Como bien sintetiza el periodista Daniel Meissner en el sitio de deportes canchallena.com, alguna vez fue la cilindrada, otra vez la puntuación, más tarde los primeros alerones, los motores sobrealimentados, las detenciones obligatorias en los boxes, las variantes en los neumáticos o los límites en la aerodinámica que devastaron las ilusiones de los ingenieros y técnicos movidos por un espíritu innovador. La F1 y el fabuloso negocio montado a su alrededor siempre han tenido la necesidad de reinventarse, y más aún cuando las diferencias entre escuderías y pilotos vuelven tedioso y previsible el desenlace de las competencias, tal como sucedió a lo largo del 2013: Vettel se coronó por cuarta vez logrando un récord de 9 victorias consecutivas, lo cual le permitió sacarle 155 puntos de ventaja a la Ferrari del español Fernando Alonso, campeón en 2005 y 2006.
«La intención es que todo sea más equilibrado y lograr mayor emoción en el campeonato», declaró Bernard Ecclestone, director ejecutivo de Formula One Management (FOM), entidad que se encarga de las cuestiones financieras de la F1. Con ese propósito se dispuso el recambio de los motores V8 atmosféricos que alcanzaban las 18.000 revoluciones por minuto, por los impulsores V6 turbo-comprimidos de 1,6 litros de cilindrada, limitados a 15.000 revoluciones por minuto, y hacer obligatoria la optimización de los 100 kilogramos de combustible permitidos en cada competición. Además se han impuesto cambios en el diseño de los autos y un sistema de puntaje que en la carrera final de 2014, prevista para el 23 de noviembre en Abu Dhabi, otorgará el doble de puntos (50 en lugar de 25 para el ganador), intentando así que una mayor cantidad de pilotos estén en condiciones de pelear el campeonato.
Bajo esas condiciones se ha puesto en marcha el gran teatro de la F1: una temporada que consta de 19 grandes premios e incluye la participación de un grupo selecto de pilotos latinoamericanos: el brasileño Felipe Massa (Williams), el venezolano Pastor Maldonado (Lotus) y los mexicanos Sergio Checo Pérez (Force India) y Esteban Gutiérrez (Sauber). Seguramente no serán ellos los grandes protagonistas del año, ya que entre los principales candidatos se destacan los mencionados Hamilton y Rosberg, el Red Bull de Vettel, las Ferrari de Alonso y Kimi Râikkônen (campeón en 2007) y el McLaren del inglés Jenson Button, campeón en 2009 y otro postulante al título mundial. El avance del calendario de carreras irá demostrando la capacidad de los equipos técnicos y la destreza de los pilotos para dominar las renovadas máquinas.

Lautaro Cossia