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Pionero. El artista nacido en Río de Janeiro fue uno de los creadores de la bossa nova. (Gentiileza CCRecoleta)

Genuino, intenso, seductor. Vinicius de Moraes, «el blanco más negro de Brasil», como se declaró en los 60, cuando estaba en el punto más alto de su carrera, habría cumplido 100 años el pasado 19 de octubre. Como parte de los festejos «centenarios», desde el 20 de noviembre hasta fines de febrero de 2014 se exhibe, en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, la muestra Vinicius Saravá. Se trata de 80 fotos –la mayoría en blanco y negro–, que provienen de dos fuentes, según explica la artista Renata Schussheim, amiga personal de Vinicius y quien se encargó de la selección del material.
Por un lado, de los archivos de Gianni Mestichelli, que era el fotógrafo del sello Trova cuando, en 1971, De Moraes brindó una serie de conciertos con los entonces veinteañeros Toquinho, María Creuza y María Bethânia, en el bar La Fusa de Mar del Plata, registrados en el disco homónimo. Y, por otro, de la colección de Marta Rodríguez Santamaría, su mujer argentina, que también es la autora intelectual de este tributo.
Ambientada con música de Vinicius y dividida en dos partes –una fotográfica y textual, con escritos, manuscritos y frases sueltas; y otra con una instalación y la proyección de la película Vinicius de Moraes, um rapaz de familia (1980), de su hija Susana–, la exposición da cuenta de la intimidad del poeta y compositor brasileño. También, de la relación que mantuvo con el Río de la Plata, donde contribuyó a la masiva penetración de la música de su país.
«Esto no es algo solemne: es informal, como era él. Un encapsulamiento de su alma, si se quiere», subraya Schussheim, quien lo conoció luego de ilustrar su libro Para una muchacha con flor, en 1970, por encargo del editor Daniel Divinsky. «Para mí, fue un maestro de vida. Era un hombre protector, que hacía un culto de la amistad. También, alguien muy generoso, muy inteligente, muy culto y con un sentido del humor extraordinario», lo describe.
Nacido en Río de Janeiro, en una familia de clase media, antes de convertirse en el creador de la bossa nova –junto con Tom Jobim y João Gilberto– , De Moraes se formó en un colegio jesuita, estudió Derecho sin entusiasmo y fue periodista y crítico de cine. Luego cursó literatura en la Universidad de Oxford (Inglaterra) y, como diplomático de carrera, viajó a destinos como Los Angeles, donde tomó clases con Orson Welles y tuvo contacto con el mundo del jazz.
A pesar de tener cierta tendencia a la depresión, el creador de «Chega de saudade» y «Garota de Ipanema», entre otras grandes canciones, entraba todos los días en la vida como en una fiesta, con un vaso de whisky («el mejor amigo del hombre: el perro embotellado», repetía) en la mano. Se casó nueve veces y tuvo cinco hijos. «¡Ay de los hombres que matan la muerte por miedo a la vida!», dijo alguna vez quien falleció a los 66 años de un edema pulmonar, luego de haber sobrevivido a un derrame cerebral y a dos accidentes: uno de automóvil y otro de avión.

Francia Fernández