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Asentado en la reconstrucción institucional, su calificado plantel y la conducción de Gerardo Martino, Newell’s obtuvo un campeonato que se inscribe en la mejor tradición de la entidad leprosa.

 

Indiscutible. Newell’s, con buen fútbol y jugadores de jerarquía, sumó su sexto título oficial desde la instauración del profesionalismo. (Télam)

Los viejos y nuevos muchachos leprosos otra vez en la gloria. Citar el nombre de Newell’s Old Boys de Rosario, campeón del Torneo Final, no sólo honra la memoria de Isaac Newell, inspirador de la institución creada en 1903, sino que también hace referencia al grupo de jugadores y cuerpo técnico que integraron el plantel, la mayoría de ellos formados en las divisiones inferiores del club.
Empezando por su director técnico, Gerardo Martino, mentor intelectual del estilo de juego que asumió el equipo y emblema futbolístico de los campeonatos obtenidos en la temporada 1987/88, la final ganada en la cancha de Boca en 1991 –luego de obtener el Torneo Clausura 1990– y el Torneo Clausura del año 1992. Martino es desde entonces un símbolo de identidad y pertenencia, mezclando la infinidad de talentos internacionales amasados en la cantera rojinegra, el virtuosismo coral mostrado por el equipo de José Yudica a finales de  la década del 80 y la colectivización del juego y el sacrificio impulsado por Marcelo Bielsa a comienzo de los años 90. «Newell’s carajo», grito de cuño bielsista, puede ser la síntesis de una historia que incluye a los campeones de 1974, la tarea formativa realizada por Jorge Bernardo Griffa y la prédica de innumerables dirigentes, técnicos y jugadores consustanciados desde siempre con la causa leprosa.
Este ciclo fue interrumpido en 1994 con la llegada de Eduardo López a la presidencia del club, iniciando un período oscuro en la vida de Newell’s, más allá del Torneo Apertura obtenido en 2004 de la mano de otro hombre de la casa, Américo Rubén Gallego. Fueron 14 años en los que se dejó de lado a los deportes amateurs, se desmanteló el proyecto de las divisiones inferiores, se impidieron las elecciones de autoridades y la participación societaria fue reducida a la mínima expresión, y el club quedó a merced de los negocios personales y los grupos de violentos que sostuvieron a esa gestión. Finalmente, en 2008 López entregó la presidencia con una deuda que la Justicia estimó en alrededor de 70 millones de pesos. Newell’s volvía a manos de sus socios, pero la situación económica, los tiempos lógicos que exige toda reconstrucción institucional y una serie de resultados adversos en materia futbolística, pusieron en riesgo su continuidad en la primera división del fútbol argentino.

 

De último a campeón
Para afrontar el desafío se recurrió nuevamente a las fuentes, y lo que parecía un camino de difícil retorno culminó con una nueva coronación. A la contratación de Martino le siguió la llegada de Maximiliano Rodríguez, Gabriel Heinze e Ignacio Scocco, un tridente de jerarquía internacional. Antes habían vuelto Lucas Bernardi y Diego Mateo, dos emblemas del campeón, y se consolidó la presencia en Primera de Nahuel Guzmán, Raúl Villalba, Pablo Pérez, Martín Tonso, Cristian Díaz, Fabián Muñoz y Maximiliano Urruti, por nombrar algunos de los jugadores formados en Bella Vista, predio de las divisiones menores que hoy coordina Jorge Theiler. Sebastián Peratta, Víctor Figueroa, el paraguayo Marcos Cáceres, Santiago Vergini, Horacio Orzan, Víctor López, Milton Casco y el peruano Rinaldo Cruzado completan la nomina de un plantel que se ganó el reconocimiento unánime de sus pares.
La Lepra arrancó la temporada en la última posición en la tabla de los promedios, lugar compartido con Independiente, uno de los equipos que finalmente descendió al torneo Nacional B. Sin embargo, la propuesta futbolística ensayada por el rojinegro hizo que las especulaciones tremendistas del periodismo deportivo tuvieran una respuesta que se iría consolidando con el correr de las fechas. En verdad fueron pocos, muy pocos, quienes notaron desde el comienzo que los riesgos asumidos por el equipo de Martino serían el germen de la salvación leprosa. «Si Newell’s subordina sus intenciones al orden a través de la posesión y de la paciencia en la construcción ofensiva, seguirá creciendo. Como pocos equipos, tiene la oportunidad de ser reconocido como un conjunto con estilo propio e inconfundible», escribió el periodista Matías Manna en el portal de noticias Rosario3. Fue el 7 de Agosto de 2012, luego de que Newell’s e Independiente iniciaran la temporada empatando en cero y las sentencias inmediatistas de los periodistas rosarinos alentaran los fantasmas del descenso sin tener en cuenta las pistas futbolísticas que ofrecía el funcionamiento del equipo.
Cuando más necesitado de resultados estaba, Newell’s encaró las urgencias que imponía el promedio privilegiando la manera de jugar: tenencia de la pelota y progreso asociado sobre el campo rival, circulación paciente del balón, rotación constante para generar espacios, laterales que se lanzan al ataque, opciones permanentes de pases, referencias cortas y largas, y la administración del equilibrio en su mediocampista central.
Por unos días Rosario se convirtió en una auténtica ciudad leprosa. Por la dimensión de la conquista y por el orgullo en la manera elegida para recorrer el camino hacia el título. El fútbol argentino necesita revisar sus prácticas y su organización, dejar de lado las mezquindades y apostar por proyectos que ayuden a adecentar el funcionamiento de sus instituciones. En esa línea se inscriben las políticas deportivas que han venido desarrollando clubes como Vélez Sarsfield y Lanús. Mientras que el campeonato logrado por Newell’s constituye un capítulo trascendente en la búsqueda de mejores respuestas futbolísticas. Es por eso que el equipo del Tata ya se ha ganado un lugar en la historia.

Lautaro Cossia