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El histórico club de Rosario logró el ansiado regreso a Primera División, luego de tres difíciles temporadas en la B Nacional. Las claves del éxito y los objetivos para la nueva etapa.

 

De vuelta. De la mano de Russo y un grupo de futbolistas muy identificados con el club, Central redondeó una campaña brillante. (Télam)

Cómo es posible que tarden tanto en pasar 45 minutos? ¿Cómo puede ser que se transformen en una eternidad inacabable? La cosa es no mirar el reloj. No mirarlo nunca», dejaba escrito alguna vez el rosarino Roberto Fontanarrosa, canalla de alma, en uno de sus tantos textos con eje en el fútbol.
El último 19 de mayo, y tras una campaña brillante, Rosario Central selló su regreso a la Primera División del fútbol nacional. La institución fundada en 1889 alrededor de los talleres ferroviarios de la barriada norte de la ciudad se fue convirtiendo en una marca indeleble de buena parte de la identidad rosarina. Basta consignar que cuenta con una historia de grandes hazañas deportivas, cuatro títulos nacionales y una copa internacional, un estadio mundialista y una interminable lista de personalidades de la cultura popular identificadas con su camiseta.
Inmediatamente después de la caída en 2010 ante All Boys, hinchas y socios del cuadro auriazul pidieron la renuncia del entonces presidente Horacio Usandizaga, el dirigente radical que fue intendente de la ciudad en tiempos de Raúl Alfonsín. Un nuevo comicio catapultó a Norberto Speciale como presidente, aunque deportiva e institucionalmente las cosas no cambiaron: contrataciones dudosas, desfile incesante de entrenadores y sucesivos traspiés en pos de conseguir el ascenso. Luego de los primeros pasos en falso, la dirigencia logró acertar tras impulsar el regreso de Miguel Ángel Russo como director técnico, un hombre consustanciado con los objetivos de la entidad a partir de sus conocimientos y su probada experiencia (ascensos con Lanús y Estudiantes; campeonatos con Vélez y Boca), a lo que se añade un paso exitoso en el cuadro rosarino algunos años atrás.

 

De la decepción a la gloria
La primera temporada en la B Nacional sorprendió a propios y extraños. Se dice, con bastante razón, que se trata de una categoría áspera y difícil, donde la mayoría de los equipos suelen ser duros escollos para clubes no habituados a la divisional. Central, con muy pocas luces, languideció en la mitad de la tabla.
La segunda estuvo cerca del objetivo de la mano de Juan Antonio Pizzi, ídolo en la historia de los goleadores auriazules y actual técnico de San Lorenzo. Pero fue una temporada complicada: River y Quilmes en la misma categoría tenían idénticos intereses, motivo por el cual Central no pudo sostenerse en lo más alto luego de tres derrotas sobre el final del torneo que lo llevaron a otro fracaso en la promoción, esta vez frente a San Martín de San Juan.
Pero la tercera fue la vencida. Con un plantel que fue consolidándose con el correr de las fechas y un técnico estratégico que mantuvo la calma frente a rivales muy bien preparados, el equipo edificó una racha de 12 victorias consecutivas, sumó algunos empates productivos y sufrió una sola derrota, algo que le dio confianza para afirmarse como líder del certamen. El secreto estuvo en la paciencia, en esperar a que el oponente se agotara en los primeros minutos para luego salir, de a poco, a buscar el gol.
Con ídolos repatriados como Jesús Méndez y Paulo Ferrari, con la seguridad de Mauricio Caranta en el arco, la gambeta y los desbordes del Sapito Encina, la presencia del volante Nery Domínguez y la perseverancia de Valentini en la defensa, Central logró construir, peldaño a peldaño, una campaña efectiva. El 19 de mayo debía ganar en condición de visitante frente a Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Tenía la obligación de hacerlo para olvidarse de la diferencia que lo separaba del cuarto equipo de la tabla (ascienden los tres primeros). Luego de un primer tiempo trabado y tenso, daba la impresión de que la coronación debía esperar. Sin embargo, a los pocos minutos del segundo tiempo, aquel que Fontanarrosa no quería ni ver ni escuchar en su cuento «La observación de los pájaros», apareció en todo su esplendor el delantero Javier Toledo, insultado durante buena parte del torneo por errar los goles más sencillos. Esa tarde, Toledo se redimió ante todos: anotó tres goles consagratorios para delirio de la sufrida parcialidad canalla.

 

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El público canalla celebró ruidosamente la vuelta a la Primera, pero también el enfrentar otra vez a su tradicional adversario, Newell’s Old Boys, con quien no disputa un partido oficial hace ya tres largas temporadas. Demasiado tiempo para uno de los grandes clásicos argentinos. Luego del ascenso, el objetivo inmediato es mantener el primer puesto en la tabla, por encima de dos oponentes de calibre como lo son Gimnasia y Esgrima La Plata y Olimpo. De cara a lo que viene después de junio, es un hecho la continuidad de Russo, el gran hacedor del logro, quien señaló tras la conquista: «Esto es el inicio de un equipo que tenía un objetivo y que quiere más». Circulan nombres, en tal sentido, para reforzar el equipo que retomará la senda en Primera, con el propósito de consolidarse definitivamente en el círculo privilegiado y, más aún, regresar a los primeros planos, algo inscrito en la profusa biografía canalla. Porque ahora sí, media ciudad respira tranquila y vuelve a ilusionarse con reeditar logros de mayor relevancia. Central, al cabo, regresó al lugar que le corresponde.

Ulises Moset