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Un éxito histórico consiguió el tenis nacional tras derrotar a la difícil Francia. Garra, estrategia y espíritu grupal, aspectos clave para intentar ganar la Ensaladera de Plata.

Berlocq. El jugador de Chascomús, a puro coraje, definió la serie luego de ganarle en 4 sets al francés Simon. (Télam)

Lejos de ser favorito de la serie, como otras tantas veces, el equipo argentino de Copa Davis edificó una de las victorias más resonantes de su historia en el torneo. No sólo porque derrotó por primera vez a una potencia tenística como Francia –en 5 enfrentamientos siempre ganaron los galos– sino también por la unidad de conjunto exhibida por la formación capitaneada por Martín Jaite, que llegaba inmersa en problemas de lesiones y bajos rendimientos de algunos jugadores. Se sumaba, claro, la ausencia de quien es hoy el mejor tenista argentino, Juan Martín del Potro, a causa de la decisión del tandilense de priorizar el circuito de ATP.
La primera jornada, en ese marco, deparó un punto por bando, algo aceptable para Argentina teniendo en cuenta el poder de los franceses, enfocados este año en «ganar la Ensaladera», como declaró Jo-Wilfried Tsonga, número 8 del mundo y referente del equipo.  Sin embargo, ya en ese primer punto disputado en el Parque Roca de Buenos Aires, emergió la figura de Carlos Berlocq, quien llevó el match a cinco sets frente a un top ten como Tsonga, habituado al roce con los mejores del circuito. Fue el preludio de lo que comenzaba a gestarse. Luego José Pico Mónaco, que registraba una racha adversa de 5 derrotas por torneos de ATP, consiguió vencer a Gilles  Simon, número 13 en el ranking, con lo que se reafirmó la concentración y el deseo colectivo para pelear y ganar una serie muy difícil. Prueba de ello fueron las declaraciones de Mónaco: «Te firmo ahora no seguir ganando partidos en el circuito y sí los de la Davis», declaró.

El tenis pobre
Con la serie igualada, el doble configuraba el examen crucial de cara al cierre del duelo. Y allí emergió la figura de David Nalbandian, el líder del equipo nacional, para conducir al equipo a un triunfo bisagra ante una pareja competitiva, con experiencia y diversos recursos para vencer en Buenos Aires: la que integran Michael Llodra y Julien Benneteau. Pero también, la victoria en el dobles tuvo otro responsable no menos influyente, Horacio Zeballos, que viene protagonizando una temporada excelente en 2013, ratificada con su actuación sobresaliente ante Francia. De ese modo, Nalbandian amplió su historial favorable en dobles (16 victorias, 5 derrotas sobre un total de 50 series), en tanto Argentina quedaba en las puertas de un éxito impensado, muy meritorio, comparable con otros de singular calibre como el triunfo ante la Australia de Lleyton Hewitt, de visitante (2005), o frente a la Rusia de Nicolai Davydenko, en Moscú (2010), oponente que no perdía de local tras 15 series.
Pocas veces la Davis, para Argentina, tuvo tonos emocionantes como los del pasado 7 de abril. Sucede que el desenlace recayó en uno de los jugadores más novatos de este certamen, representante del denominado «tenis pobre», es decir aquellos jugadores que sin mayores recursos ni gran difusión pelean en los márgenes del circuito a puro corazón. Carlos Berlocq, tras la caída de Mónaco ante Tsonga y la serie nivelada 2 a 2, se vistió de auténtico héroe al derrotar a Simon con buen tenis y mucho esfuerzo, luego de un encuentro de casi 4 horas de duración que hizo vibrar al Parque Roca. Apodado Charly, la historia de Berlocq, nacido en la localidad de Chascomús, presenta aristas particulares, no exenta de dificultades y dramas. Por caso, una lesión severa en su muñeca hizo que cayera en una profunda depresión, a lo que se suma un hecho desgraciado ocurrido apenas un año después, cuando su hermano perdió la vida en accidente de motos. El apoyo de su familia y su valiente decisión de no bajar los brazos permitieron que Charly, tres almanaques después, disfrutara a los 30 años el mejor momento deportivo de su carrera. Así lo admitió luego del triunfo: «Deportivamente es el día más especial de mi vida, y lo quiero compartir con el equipo y con todos los que están detrás. No se imaginan lo que sentíamos cada uno para ganar esta serie. Siento que logramos una hazaña. Esto fue el triunfo de un equipo», señaló. De este modo, Argentina concretó una hazaña cuyo recuerdo quedará grabado en la memoria de este deporte, asentado en el espíritu grupal y cierta mística de equipo adquirida en los últimos años. Basta consignar un dato: es la cuarta semifinal consecutiva y la decimocuarta en total del equipo albiceleste, de las cuales se impuso en cuatro (1981, 2006, 2008 y 2011).

Desafío y confianza
El objetivo del equipo capitaneado por Jaite, en 2013, era fundamentalmente sostenerse en el grupo mundial, donde participan las mejores selecciones. Sin embargo, los triunfos ante Alemania y Francia, dos adversarios de prestigio, generan ilusiones con miras a disputar otra final del certamen que nunca pudo ganar el deporte nacional. Enfrentar a República Checa, esta vez en calidad de visitante, será el nuevo escollo, en el marco de una serie que se revela a priori compleja, dado que los checos son un equipo fuerte y elegirán una superficie acorde con su juego. Otro inconveniente para las aspiraciones nacionales es que sin Del Potro y con Nalbandian con menor actividad, se recortan las posibilidades de triunfo al no disponer de un jugador situado entre los primeros puestos del ranking. Habrá que esperar, de todos modos. Entre el 13 y el 15 de setiembre, este equipo ahora unido y mentalizado intentará dar la talla con sus recursos. Y sobra corazón.

Pablo Provitilo