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Desde hace varios años cientos de niños de Nepal son vendidos por sus padres –creyendo que así les darán un mejor futuro– a los circos de la India. Hace poco más de una década la potencia asiática era reconocida por la gran cantidad de circos y la magnificencia de los espectáculos. Sin embargo, desde finales de los 90 comenzó una continua declinación. En parte, debido a dos fallos de la Corte Suprema, uno que prohíbe las atracciones con animales salvajes, y otro, el trabajo de niños, por denuncias de abusos sexuales y explotación. Pero muchos empresarios hallaron la forma de levantar un poco el negocio trayendo niños de Nepal, de bellas facciones y color de piel claro, que resultan todo un atractivo para el público indio. Estos niños literalmente trabajan casi como esclavos por el techo y la comida. Son varias las ONG que vienen denunciado el tráfico de menores nepaleses a los circos indios. Según la organización Esther Benjamin Trust, entre 2004 y 2011 fueron rescatados más de 350 menores, la mayoría niñas, cuyos padres suelen ser iletrados y firman sin saber los contratos ilegales que les ofrecen los comerciantes circenses. A cambio de sus hijos reciben entre 30 y 40 dólares.