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La fecunda trayectoria del rosarino hizo que el Barcelona lo convocara para dirigir a uno de los conjuntos más valorados del fútbol internacional. Grandes expectativas.

 

Bienvenida. Sandro Rosell, presidente del club blaugrana, recibe al rosarino. (Télam)

Caminante no hay camino / se hace camino al andar»,  rezan los versos del poeta español Antonio Machado que han sido inmortalizados por el cantautor catalán Joan Manuel Serrat. Precisamente, en Cataluña desembarcó Gerardo Martino, emblema de Newell’s Old Boys de Rosario y flamante director técnico del Barcelona de España en el que juega Lionel Messi, otro rosarino con sangre rojinegra. Al volver la vista atrás, sobresale el exitoso paso de Martino por el fútbol paraguayo, donde consiguió cuatro campeonatos locales dirigiendo a Libertad y Cerro Porteño, y tuvo una destacada participación al frente de la selección guaraní, proceso que llevó a Paraguay a los cuartos de final de la Copa Mundial de Sudáfrica 2010 puesto nunca alcanzado hasta entonces. Antes había dejado sus huellas en Almirante Brown de Arrecifes (donde debutó como entrenador en 1998), Platense, Instituto de Córdoba y Colón de Santa Fe. Pero su consagración en el fútbol argentino fue con Newell’s, club en el que realizó la mayor parte de su carrera de futbolista y con el que acaba de proclamarse campeón del Torneo Final. Las formas y el estilo de juego que le impuso al equipo leproso y la desgraciada enfermedad que padece Francesc Tito Vilanova (factor que lo obligó a renunciar a la dirección del conjunto catalán) fueron la antesala del salto continental que llevó al Tata de Rosario a Barcelona, actual meca del fútbol mundial.
Tal como ha sido recordado por el sitio oficial del Barcelona, Martino es el cuarto entrenador argentino del equipo culé, luego de las experiencias de Helenio Herrera (1958-60, 1980 y 1980-81), Roque Olsen (1965-67) y César Luis Menotti (1983-84). Sin embargo, la estatura futbolística alcanzada por el conjunto blaugrana, las tres uefa Champions League obtenidas en la última década, el modo en que la televisión ha extendido y propagado el fanatismo por el club y la presencia del mejor jugador del mundo, hacen que la contratación adquiera una transcendencia muy particular. El propio Martino se encargó de remarcar las resonancias que tiene su llegada al Barcelona: «El mayor desafío es insertarnos rápido, entender desde adentro todo lo que reclama la institución y estar a la altura de las circunstancias, ya que tenemos la obligación de representar de la mejor manera posible al fútbol de nuestro continente, como lo han hecho otros técnicos argentinos como Marcelo Bielsa, Diego Simeone o Héctor Cúper». Aunque dejó en claro que su trabajo buscará potenciar las cualidades de un plantel nutrido de estrellas, recuperar la presión ofensiva que supo ejercer el equipo barcelonés bajo la dirección técnica de Josep Guardiola y combinar la mejor versión de Messi, Iniesta o Neymar con la excelencia del andamiaje colectivo, algo que no pudo plasmarse en algunos tramos de la temporada anterior.
El prestigio que Martino se ganó en Sudamérica es el capital que avala su desembarco en tierras catalanas, aunque la mayoría de sus seguidores recién empieza a conocer su capacidad para administrar diferentes recursos futbolísticos: la versatilidad táctica que mostraron sus equipos o la filosofía de juego pregonada en Newell’s, donde el pase y la tenencia de pelota fueron las premisas fundamentales para salvar a «la lepra»  del descenso y llevarse el campeonato. En una entrevista con Acción publicada en febrero de este año, el técnico rosarino dijo: «Después de haber dirigido en un Mundial, perdí todos los miedos que uno tiene cuando va construyendo su camino como entrenador». Con esa convicción enfrenta el nuevo desafío.
Barcelona y Martino comienzan a tutearse. «Hay tanto que quiero contarte / hay tanto que quiero saber de ti», dice la canción «Andar conmigo», de Julieta Venegas, utilizada en su presentación. Un gesto de la dirigencia del Barcelona que indica que el camino recién comienza a transitarse y hay toda una historia por escribir.

Lautaro Cossia