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«La vida te da sorpresas, sorpresas te de la vida» dice una famosa canción de Rubén Blades. Y parece que en Panamá las sorpresas están a la orden del día. Muy pocos esperaban un triunfo de Juan Carlos Varela, vicepresidente y enemigo jurado del actual presidente Ricardo Martinelli, que apoyó una fórmula donde su esposa iba de candidata a vice. Igual que en la vecina Costa Rica, las encuestas se equivocaron y ganó quien no tenía que ganar. En un país donde el voto no es obligatorio ni hay ballotage, Varela, con menos del 40% de los sufragios, se ha convertido en el nuevo presidente, venciendo al candidato oficialista y al del PRD, el partido de la familia Torrijos.
La candidatura de Varela es un reflejo de la política panameña actual. Participó de una alianza con el presidente Martinelli, una fórmula que  parecía la unión de dos grandes empresarios. Según el diario La Prensa buscaban alternarse en el poder durante 20 años, «pero las diferencias entre los hombres más poderosos del país pudieron más que esa ilusión» y a los dos años el pacto estalló en pedazos.
Varela, quien nunca ocultó su afinidad con el Opus Dei y es considerado un hombre de derechas, promete luchar contra la corrupción y la pobreza, como han hecho sus predecesores una y otra vez, pero no le será fácil, pues deberá resolver varios problemas. En primer lugar, hereda conflictos ligados con la ampliación del canal que involucra a empresas extranjeras, deudas y conflictos laborales en un sector estratégico del país. Por otra parte, gobernará con una minoría de apenas 13 parlamentarios en la Asamblea Nacional de 71 representantes, mucho menos de los 44 que tenía en su alianza con Martinelli. Desde las antípodas de Varela, el constitucionalista Miguel Antonio Bernal pregona la convocatoria a una Asamblea Constituyente para refundar el sistema político y social.  ¿Nuevos vientos soplan en Panamá? ¿Nuevas sorpresas como cantaba Blades? El tiempo lo dirá.