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Mientras miles de catalanes se manifestaban con una cadena humana de 400 kilómetros en el día de la Díada, un municipio del noroeste de esa región se declaró independiente de España. La localidad de Sant Pere de Torelló, con un poco más de 2.000 habitantes, se convirtió en «territorio catalán libre» y emplazó al parlamento de la comunidad autónoma para que decida la autodeterminación de forma unilateral en el plazo de dos meses. Su alcalde, Jordi Fábrega Colomer, se viene perfilando como uno de los nacionalistas más fervientes: quitó los símbolos españoles, dejó de girar los impuestos a Madrid para enviarlos a Barcelona y suprimió el feriado del 12 de octubre. En recientes declaraciones, Fábrega indicó que la independencia es un asunto de «emergencia» y que le permitirá a Cataluña no sólo resolver su déficit sino ayudar al resto del país.