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Los defensores islandeses de los elfos lograron un triunfo a medias. Consiguieron que el tribunal supremo del país nórdico considerara sus protestas contra la construcción de una autopista que perturbaría un santuario de estos seres mitológicos. También lograron el apoyo de ecologistas que se oponían a la construcción por el impacto ambiental que el proyecto provocaría sobre los caminos de lava. No es la primera vez que los jueces deliberan sobre este tipo de casos, y algunos hablan de un verdadero lobby élfico. La decisión fue paralizar las obras por un lapso que permitirá que las criaturas, también conocidas en la tradición popular como huldufolk, se muden.