Contenido restringido

Alan Pichot obtuvo el campeonato mundial sub 16 y sumó otro hito a una carrera signada por su pasión por la disciplina y el apoyo de sus padres para poder competir.

 

Presente y futuro. El argentino logró el título que el país no conseguía desde 1992 y aspira a convertirse en Gran Maestro. (Nicolás Stulberg)

Mariela intentó convencer a su hijo de que el ajedrez era un juego demasiado difícil para un niño de 4 años. Alan había visto una partida entre el hermano mayor y el papá de un compañerito de jardín, y entonces le pidió a la madre que le enseñara. Insistió tanto que Mariela buscó un tablero y trató de explicarle las dificultades que iba a tener para entenderlo. A Alan no le importó. La mamá creyó que se le iba a pasar, que se trataba de un asunto pasajero, pero tuvo que anotarlo en la escuelita del Círculo Torre Blanca, en Almagro, el barrio donde vive la familia. Alan nunca más abandonó el ajedrez. Y el 29 de setiembre pasado, 14 años después de aquel episodio iniciático, ganó el campeonato mundial sub 16, en Durban, Sudáfrica.
Alan Pichot, que nació el 13 de agosto de 1998, se convirtió en 2013, con 14 años y 11 meses, en el Maestro Internacional más joven de la Argentina. Y ahora acaba de conquistar un título que el país no obtenía desde 1992, cuando el cordobés Pablo Zarnicki lo consiguió en Buenos Aires. «Salir campeón del mundo es el logro más importante de mi vida. Ahora voy a tener  que estudiar mucho para llegar a Gran Maestro», le dijo a la agencia de noticias Télam un rato después de vencer al ruso Maxim Litvinov y, al ganar 9 partidas sobre 11, quedarse con un torneo entre 100 participantes de 50 países. Allí también estuvieron otros 3 argentinos: Nino Di Giannantonio, que terminó 26º en Sub 18, Tomás Sosa, 23º en Sub 16, y Guadalupe Besso, que finalizó 22º en esa misma categoría.
Cuando estaba en primer grado de la escuela, la maestra citó a los padres para hablarles sobre la mala conducta de Alan. Tenía 6 años y problemas de atención. Se levanta de su pupitre y daba vueltas por el aula distrayendo también a sus compañeros. Los padres del chico consultaron especialistas. Tuvieron que hacerle estudios y visitar a diferentes psicólogos. Después de varios tests, uno de ellos les explicó que Alan estaba entre el 5% más inteligente de la población mundial. Esa capacidad lo hacía, por supuesto, poseedor de un nivel de comprensión superior al del resto de sus compañeros pero, a su vez, lo convertía en un chico inquieto que se aburría durante la clase.
Sin apoyos económicos más allá de algunos aportes privados, Alan, familiar lejano del ex rugbier Agustín Pichot, avanzó en el mundo del ajedrez. Ganó en fila los campeonatos nacionales, pero a la familia le costaba muchísimo que pudiera viajar. En 2008, sus padres tuvieron que poner de su propio bolsillo el dinero para financiar la participación en el Mundial Sub 10 de Vietnam, donde terminó en el quinto lugar. Fue la primera vez que salió a competir al exterior. En ese mismo año, había ganado el Panamericano de la categoría. «Fue un gran impulso para mí todo lo que pasó en 2008. A partir de ahí empecé a evolucionar, a entender y a preocuparme más en el ajedrez», le contó a la revista El Gráfico.

Objetivos y plazos
La creación del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (enard), conformado por la Secretaría de Deporte y el Comité Olímpico Argentino, cambió las cosas. Después de mucha insistencia por parte de su madre, que se movió de aquí para allá con el fin de que su hijo tuviera apoyos, desde el ENARD salió el financiamiento para que Alan pudiera viajar al Festival de la Juventud de Durban, en Sudáfrica. Además, hubo aportes desde el Círculo Torre Blanca, su club. De esa manera, Alan, que compite como profesional desde el año pasado, pudo estar en el torneo junto a su entrenador, el gran maestro Sandro Mareco. Se preparó con nueve horas diarias de estudio para llegar a la competición. Y aunque siempre creyó que podía estar entre los primeros, no imaginó que podía ser campeón. La noche anterior a disputar la última rueda –le contó al periodista Carlos Ilardo– Alan no pudo dormir. Terminó de preparar la partida a la 1.30 y el tiempo se le fue pasando hasta que cuando vio el reloj ya eran las 8. Dos horas más tarde, ya estaba sentado a la mesa, nervioso pero dispuesto a ganar el torneo.
Alan es hincha de Boca, aunque no va a la cancha. Su ídolo es el noruego Magnus Carlsen, que con 23 años es el actual rey del ajedrez universal. Gran Maestro con 13 años, Magnus también es un precoz: es el campeón mundial más joven de la historia después de Garry Kasparov. El noruego comenzó a jugar ajedrez a los 5 años, como Alan, que ahora está en el tercer año de la secundaria en la escuela William C. Morris, en Almagro. Pero no está yendo a clases por los torneos y la preparación que requieren. En diciembre tendrá que rendir como libre. El año que viene la cuestión será distinta porque irá a un colegio que ofreció el ENARD y que le permitirá estudiar a distancia. Le hará mucha falta porque la idea de Alan es que durante 2015 pueda participar de los torneos más importantes que se organicen en Europa y América. El gran objetivo de Alan, que representa a la Universidad de Tres de Febrero en la Liga nacional, es ser Gran Maestro, el título que otorga la Federación Internacional de Ajedrez, la máxima jerarquía a la que puede acceder un ajedrecista. Con tranquilidad, Alan se impone esta meta para dentro de un año y medio. Aunque sea un joven genio –o tal vez por eso mismo– sabe que no debe apurar los tiempos.

Alejandro Wall