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Fue la primera vez en la historia reciente que las principales centrales sindicales del reino de Marruecos acordaron paralizar el país. La huelga general de fines de octubre logró un acatamiento del 83% contra la Ley de Finanzas que, según los gremios de izquierda, «promoverá el paro y disminuirá el poder de compra de los ciudadanos». La Federación Democrática del Trabajo (FDT), la Unión Marroquí del Trabajo (UMT), y la Confederación Democrática del Trabajo (CDT), acusaron al gobierno de Abdelilah Benkirane de quebrar el diálogo social con su plan para quitar subvenciones a los artículos de primera necesidad, aumentar el precio de los combustibles, la electricidad y el agua y elevar la edad mínima de jubilación. La parálisis alcanzó el  transporte, la educación y la salud en medio de una caída del 40% de la popularidad de la actual gestión. La suba del precio del pan, que recuerda a la revuelta de 1981, es una de las situaciones más emblemáticas de la crisis política actual. El Frente sindical UMT-CDT-FDT sumó a varios partidos y organizaciones sociales y pretende atraer al mayor número de participantes para evitar los fracasos de anteriores planes de lucha.