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En el encuentro que reúne a los directores de la región se presentan unas 150 películas. Su directora habla de la diversidad de miradas y de la proyección internacional de los trabajos.

 

Oportunidades. De Luque destaca que el evento acerca a los directores y la industria. (Jorge Aloy)

L a segunda edición del Festival de Cine Unasur se desarrollará del 13 al 20 de setiembre próximos en la provincia de San Juan. Acción dialogó con su directora general, la realizadora Paula de Luque, quien subrayó la importancia de la integración y la diversidad como líneas rectoras de la convocatoria. «La idea de fundar este festival fue generar un encuentro e intercambio a través de la cultura. Y específicamente a través del cine, que es nuestra mayor industria cultural», sintetizó sobre la génesis y los objetivos del evento durante su presentación. Hasta la fecha, el mayor referente festivalero latinoamericano es el Festival de Cine de La Habana. No obstante, el encuentro vernáculo se posiciona como un espacio central para las filmografías regionales, mediante la presentación de la nada desdeñable suma de 148 trabajos, entre cortos y largometrajes.
Al tratarse de la segunda edición, los organizadores tienen la oportunidad de corregir algunos detalles y profundizar las mejores decisiones tomadas el año pasado. «Cuando fundamos el festival, lo hicimos con todos los reparos del caso, pensando en cómo lo iba a tomar el pueblo de San Juan, los artistas y los hacedores del cine de toda América del Sur. Y la verdad es que fue muy bien tomado», observa De Luque. «En función de eso, no quisimos agrandar su dimensión, sino profundizar la idea de integración y diversidad. El público acudió a las salas de un modo inusual, siento que fundamos algo importante en San Juan, porque es una provincia que no tiene tradición en la materia. Este año se hizo la primera película de producción local, Los nadies, y la estaremos presentando».
En cuanto al criterio estético de la programación, según la directora «la idea es mirarnos a nosotros mismos y, desde ese lugar, proyectarnos hacia el mundo. El festival tiene varias líneas, queremos que la industria del cine interactúe con gente que recién empieza». En esta ocasión, fueron invitados especialmente 20 programadores de festivales internacionales de temática latinoamericana, para que pudieran ver el trabajo de los realizadores bolivianos, paraguayos, argentinos, colombianos o ecuatorianos. «Otras iniciativas fueron poner en la mano de un chico que nunca fue al cine una cámara, para que cuente su historia, en el proyecto La propia mirada. También homenajeamos al cine cubano, al traer a las autoridades de la Escuela de Cine de Baños, de Cuba. No queremos sumar por sumar, sino profundizar la diversidad y la integración, que no son conceptos vacíos», amplía la directora. «Humildemente, creo que nuestro festival plasma esto: tenemos películas de diferentes formatos de producción y temáticas. Las hay caras, otras más baratas, algunas van más con el mercado y otras van menos. Va a estar Wakolda, de Lucía Puenzo, pero también Civilización, una de Rubén Guzmán sobre León Ferrari, que es más “chica”».
Hace unos años, en 2008, María Victoria Menis estrenó La cámara oscura, una película en la cual, a diferencia de su antecesora El cielito, no abordaba el tema de la pobreza. Menis contó entonces en una entrevista que algunos festivales europeos no programaron su largometraje porque «no era lo que se esperaba» de un film latinoamericano. «Lo que sucede es que Europa compra la pobreza latinoamericana, y yo creo que es su forma de evadir culpas, pero es una reflexión personal», señala De Luque. «A Europa le conviene, entre comillas, que América Latina sea una región sufrida y que sus películas solamente hablen de la pobreza y de la marginalidad, porque entonces los programadores europeos ponen uno o dos de esos trabajos. Eso también ha generado que en Argentina se hicieran muchos filmes con esa mirada. Como en todo proceso dinámico, eso ha ido cambiando. Y nosotros, los directores argentinos, hemos empezado a pensar historias propias, que no estén solamente hechas para ser aplaudidas por los europeos».
¿Hay una relación entre esa «condición estética» y la actual coyuntura regional? «Tiene que ver con esta nueva era, en donde América Latina se mira a sí misma como una región con identidad propia, más allá de la identidad de cada país y sus idiosincrasias», coincide De Luque. «Tampoco creo que todo el cine latinoamericano sea bueno, porque sería como decir que ningún cine de Latinoamérica es bueno. El criterio de selección es, antes que nada, la excelencia artística de una película. Nos inspira la diversidad. Eso se refleja, por ejemplo, en el homenaje al cine cubano: no es lo mismo Fresa y chocolate que una retrospectiva de Santiago Álvarez».

Ezequiel Obregón