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Con su arribo al Manchester United se convirtió en el argentino por el que más dinero se invirtió en toda la historia. Su rol en la Selección y el desafío de la liga inglesa.

 

Estrella. Fideo, como lo apodan, posa con la camiseta de su tercer club en Europa. (EFE)

Unas horas después del debut de Ángel Di María con la camiseta del Manchester United, en unos 70 minutos que no modificaron el mal funcionamiento del equipo, los hinchas ingleses criticaron al director técnico Louis Van Gaal el puesto en el que jugó el argentino. Le explicaban al holandés que Di María es un futbolista para jugar por afuera, para el desborde, y no por el centro de la cancha como él lo había ubicado. Di María es un personaje de la periferia, destinado muchas veces a papeles secundarios y menos glamorosos, aunque con vuelo propio y ocasiones de protagonismo. Una especie de Robin para superhéroes como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Hasta ahora, que se lo llevó el Manchester United por 75 millones de euros, el pase más caro de la historia para un argentino; el más alto, además, para la Premier League.
Heredó la camiseta número 7, un dorsal mítico, el mismo que usaron Cristiano, David Beckham, Eric Cantona, Bobby Robson y George Best. Y no estará a la sombra de una superestrella –acaso él mismo ya lo sea– aunque habrá un reparto bien surtido. Manchester United le entregó a Van Gaal una billetera de 250 millones de dólares para incorporaciones. Dentro de una Premier que batió records de fichajes en Europa –un total de 1.400 millones de dólares– el equipo de la familia Glazer lideró el mercado. A Di María hay que sumarle, entre otras, las contrataciones de Ander Herrera, Marcos Rojo, y, al cierre del libro de pases, el colombiano Radamel Falcao, ausente en la Copa del Mundo celebrada en Brasil.

 

Altas y bajas
Di María atravesó el Mundial a buen ritmo hasta que se lesionó. Era el socio de Messi, que descansaba en los pulmones de su amigo, un velocista que tiene la habilidad de correr mientras domina una pelota. Di María sirvió en Brasil como un administrador de las energías de Messi, como pasó contra Suiza cuando los penales resultaban a simple vista un hecho inevitable. La dupla de rosarinos hizo que no lo fueran sobre el final: pase de Messi, gol de Di María. La historia mundialista del jugador del Manchester United se terminó en Brasilia, con Bélgica, después de esforzarse para llegar a un notable pase de Messi. Ese momento en que salió del campo de juego del Mané Garrincha marcó dos puntos de inflexión para la Selección, que quizá vayan atados y no sean parte de una casualidad: Messi se sintió más solo en el equipo y la Argentina no volvió a hacer un gol.
De vuelta a España, Di María ya no tuvo lugar en el universo merengue. Había quedado en el olvido su arrojo para ganarle la Champions al Atlético de Madrid. Florentino Pérez, el presidente del equipo español, tenía otros planes para el equipo de Carlo Ancelotti: imponer los nombres por los que había gastado fortunas, con Isco y Gareth Bale a la cabeza, a quienes ahora se le sumaron Toni Kroos, James Rodríguez y, a último momento, Chicharito Hernández.
La promoción presidencial chocó con la intención del entrenador italiano, que siempre apostó a Modric, Xabi Alonso, Khedira y Di María. Ancelotti encontró el límite en la Supercopa española que perdió ante el Atlético. Como nunca es saludable quedarse donde no te quieren, Alonso se fue al Bayern Munich y Di María partió al Manchester United. «Si yo fuera quien manda a lo mejor no lo haría así», dijo Cristiano, que de todos modos aclaró que había que apoyar las decisiones de Florentino Pérez. El portugués, según contó Di María, fue uno de los que más peleó para que se quedara en el Real. «Gracias a él –explicó el rosarino– estuve en el último tiempo en el Madrid».

 

Nuevos horizontes
Pero la conducción del club quería hacerlo caja. Por eso, sin mencionarlo, en la carta donde anunció su salida, Di María apuntó contra el presidente del club: «Lamentablemente –se despidió el rosarino– hoy me toca irme, pero quiero dejar claro que ese nunca fue mi deseo. Como cualquier persona que trabaja, siempre he querido progresar. Después de ganar la Décima me fui al Mundial con la esperanza de recibir un gesto de la Directiva, algo que nunca llegó. Se hablaron muchas cosas y muchas mentiras. Siempre quisieron atribuirme la iniciativa de salir del club, pero no fue así. Lamentablemente no soy del gusto futbolístico de alguna persona. Yo lo único que pedí es algo que fuera justo. Hay muchas cosas que yo valoro y muchas de ellas nada tienen que ver con mi salario. Espero encontrarlas en el Manchester United, concluyó, uno de los clubes más grandes del mundo con el que ojalá pueda hacer historia».
Di María se mudó a Inglaterra de la mano de su representante, Jorge Mendes, un ex DJ portugués que entró al fútbol hace 20 años y se autodenomina como «el mejor hombre de negocios del mundo». A los 26 años, el muchacho que creció en la Pedriel, el barrio de Rosario que lleva tatuado en su brazo izquierdo –«Nacer en la Pedriel fue y será lo mejor que me pasó en la vida», se lee– y aportó a la carbonería de sus padres con su cuerpo espigado por el que le dicen Fideo, ahora maneja un Corvette gracias al acuerdo del club que lo contrató y su patrocinador. «Tiene que adaptarse a la cultura inglesa, a la forma de jugar, y también a sus compañeros. Necesita tiempo», advirtió Van Gaal. La Premier será la tercera liga europa en la que jugará el rosarino después de pasar por Portugal y España. Una nueva vida para Di María.

Alejandro Wall