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(Télam)

Uno de los himnos del primer rock fue acuñado por el grupo británico The Who y lleva por nombre «Mi generación». «Espero morir antes de volverme viejo», asegura el tema compuesto por Pete Townshend, que supo vivir rápido pero –lejos de morir joven y dejar un cadáver bien parecido, como reza cierto dicho oscuramente romántico del género– también aprendió a crecer y envejecer con gracia y sin dejar de componer canciones. Charly García es un fanático confeso de Townshend, al punto de haber utilizado una de sus frases como acápite de su disco Yendo de la cama al living. Uno de los silenciosos acontecimientos del año que acaba de pasar fue que Charly cierre Líneas paralelas (Planeta) con una reescritura de aquel verso generacional, ubicado al final del enigmático volumen, donde se puede leer: «Espero volverme viejo antes de morir».
Lejos de ser un libro autobiográfico, Líneas paralelas –a pesar de la aparición de frases reveladoras aquí y allá– es apenas un programa de lujo para el concierto que realizó este año en el Teatro Colón. Muchos de sus escasos textos están referidos a los preparativos para ese concierto, y ciertas apreciaciones personales sobre la música, que podrían devenir en una particular clase magistral. Pese al hecho de que, al estar manuscritos en una confusa caligrafía, se duplican en una necesaria transcripción, aún así el volumen debe completarse con letras de algunos temas e incluso comentarios de sus colaboradores, desde Renata Schussheim hasta Fabián Von Quintiero. De hecho, sin los hipnóticos y asfixiantes dibujos, collages e intervenciones del músico, ni siquiera calificaría como libro.
Para ocupar ese lugar es suficiente con los dos volúmenes que dejó el 2013 sobre García. Por un lado, el flamante Charly en el país de las alegorías (Gourmet Musical), de Mara Favoretto, que se anuncia como «un viaje por las letras de Charly García». Antes una tesis doctoral que otra cosa, Favoretto tiende a los resúmenes y explicaciones para un lector desconocedor del tema, y busca permanentemente referencias fuera del ámbito de la música popular, para dedicarse más que nada a lo que promete su subtítulo. No deja de ser interesante su lupa en el universo femenino en las letras de Charly, y curiosa la lectura de su última época «en carne viva», como una simple alegoría sobre el rock.
Tal vez por eso es que se celebra una nueva edición de No digas nada (Sudamericana), la ineludible biografía de Sergio Marchi que en 1997 llevó al papel la brutal pedagogía del lo-que-ves-es-lo-que-hay de García en su época Say no more, que intentaba escaparle a la nostalgia y deconstruir el mito. Actualizada en su primera reedición de bolsillo del 2007 (llegaba hasta las puertas de su última internación), esta nueva y lujosa edición sólo suma un revelador prólogo, que suena casi a disculpa por la ausencia de capítulos nuevos. Pero la puerta queda abierta. Y la sensación –o el deseo– de que Charly pueda tener algo más para dar sigue presente. «Mientras la historia esté viva, no se dejará poner fin», escribe Marchi, y no sólo está hablando de su libro, por supuesto.

Martín Pérez