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Talentoso y vigente a los 33 años, obtuvo con su país la Copa Davis, un logro que se suma a su larga lista de éxitos en el circuito profesional y marca un nuevo hito en una trayectoria brillante.

 

Grito. Tras su caída en el primer día de la serie, Federer aportó el punto decisivo para que Suiza derrote a Francia. (Huguen/AFP/Dachary)

Derrotó a Richard Gasquet y se derrumbó sobre el polvo de ladrillo de Lille, sin poder contener las lágrimas. Finalmente lo había conseguido. Roger Federer ya es una leyenda. Qué duda cabe. El suizo logró en noviembre el único título que le faltaba, ese que tanto anhelaba y por el que dejó muchas cosas de lado: la Copa Davis. Federer, que se reinventa año a año, volvió a demostrar que sigue siendo uno de los mejores, pese al paso del tiempo y las exigencias de un circuito cada vez más competitivo.
Cinco días antes del comienzo de la serie final de la Copa Davis ante Francia, Federer debía definir el Torneo de Maestros –un campeonato que se juega anualmente entre los ocho mejores tenistas de la temporada– frente a Novak Djokovic, el número uno del mundo. El suizo venía de vencer a su compatriota Stan Wawrinka –luego compañero en la Davis– en semifinales tras levantar cuatro match points en contra. En Londres, sede del torneo, se esparaba con ansiedad el partido que definiría si Djokovic o Federer levantarían la copa del Torneo de Maestros. Pero el suizo, una hora antes de que comenzara la final, anunció que no jugaría el tan esperado partido.
Federer había terminado la semifinal del Torneo de Maestros con una dolencia en la espalda y, a cinco días de  la Copa Davis, no valía la pena arriesgar el cuerpo en un campeonato que ya había logrado en otras seis ocasiones. Por eso decidió no presentarse y el título quedó en manos de Djokovic por tercer año consecutivo.
La decisión le terminó saliendo bien al suizo, quien se cuidó durante toda esa semana para viajar a Francia en las mejores condiciones y así ganar la Copa Davis a pesar de haber caído en el primer partido ante Gael Monfils. Al día siguiente, en pareja con Wawrinka (que había dejado la serie 1-1 tras derrotar a Tsonga), lograron imponerse en el dobles a Julien Benneteau y Richard Gasquet, y el sueño de obtener la Davis quedó a un paso. El propio Federer abrió el tercer día ante Gasquet con la posibilidad de definir la serie y así lo hizo: sin darle posibilidades al francés, lo derrotó con un implacable 6-4, 6-2 y 6-2. De este modo, consiguió con su país la Ensaladera de Plata, la asignatura pendiente de su extensa carrera.

 

Camino a la gloria
Federer nació en Basilea, Suiza, hace 33 años. Pasó su infancia en las afueras de la ciudad, en una zona rural en la que forjó su singular personalidad. Roger no es un típico deportista de esta época, no le gustan las cámaras ni las producciones fotográficas, ni le atraen la fama o la exposición pública. El suizo sigue viviendo en la ciudad en la que nació, ahora con su mujer, la ex tenista Mirka Vavrinec, con quien tiene cuatro hijos.
Durante su infancia practicó varios deportes, y hasta jugó al fútbol en las inferiores del FC Basel, uno de los equipos más tradicionales del país. A los 14 años finalmente se decidió por el tenis y comenzó a entrenar bajo la tutela de la Federación Suiza. En sus años como junior –y también en sus primeros como profesional– Federer era conocido por su mal carácter. Cientos de raquetas sucumbieron ante sus ataques de ira, arrojadas contra el piso tras fallar algún tiro. Sin embargo, logró domesticar ese aspecto negativo de su juego y lo convirtió en algo positivo gracias a la ayuda de su entrenador, el sueco Peter Lindgren.
Luego de una gran campaña como junior en la que fue elegido el mejor tenista juvenil en 1998, y tras vencer al argentino Guillermo Coria en el Orange Bowl (uno de los torneos más prestigiosos para los sub 17), Federer dio el salto al profesionalismo. En su año debut apenas disputó 5 partidos en los torneos ATP (circuito profesional), pero al año siguiente se metió de lleno en la competición grande y terminó la campaña en el puesto 64, tras haber arrancado en la 302º ubicación.
A partir de allí, todo serían récords y más récords en su carrera. Hoy es el jugador con más títulos de Grand Slam (17), los torneos más importantes en el tenis. Además, es también quien más finales disputó de estos campeonatos (25) y el único que llegó al menos a cinco definiciones en cada uno de estos cuatro torneos anuales (Australian Open, Roland Garros, Wimbledon y US Open). También ostenta el récord de mayor cantidad de Torneos de Maestros, con seis. En total, el suizo suma 82 títulos y se ubica tercero en la tabla histórica detrás de Jimmy Connors e Ivan Lendl, dos glorias del tenis. Como si esto fuera poco, Federer es el jugador que más tiempo ocupó el número uno del ranking mundial y el tenista que mayores ganancias reportó en la historia. Además, ganó la medalla de Oro en dobles en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y la de Plata en individuales en Londres 2012. Y, por supuesto, acaba de agregarle la frutilla al postre: la Copa Davis, el objetivo que se había planteado para este año.
Hitos que lo ubican como un tenista de leyenda, de los mejores de la historia. Esa historia que, da la impresión, tiene varios capítulos más por escribirse si Federer mantiene su nivel actual.