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La obra del músico nigeriano influyó desde los Talking Heads hasta el líder de Blur. Dos bandas locales, Morbo y Mambo y Val Veneto, se anotan entre los exponentes de una tendencia global.

 

Diálogo. La sección de vientos de Morbo y Mambo interactúa con la percusión. (gentileza Morbo y Mambo)

Así como Bob Marley es la máxima figura del reggae y un referente ineludible a la hora de hablar del ritmo jamaiquino más popular, su equivalente dentro del «afrobeat» es el nigeriano Fela Anikulapo Kuti, pero con una gran diferencia: Kuti no sólo popularizó este género, sino que lo inventó. Hijo de un músico y una activista feminista, mezcló en una coctelera el funk de James Brown con el free jazz y los cantos tradicionales de su continente, con tonadas que duraban 15 minutos promedio. Era, además, un superdotado musical que ejecutaba a la perfección al menos 10 instrumentos; entre ellos, saxofón, teclados, guitarra y percusión.
Dos veces candidato a presidente de Nigeria y también perseguido por sus ideas políticas, cuenta la leyenda que grabó 77 discos y nunca repitió una canción en sus shows. Con álbumes indispensables como Stratavarious (grabado con Ginger Baker, baterista del power trío Cream), Open & close o Zombie (para muchos su obra maestra), murió el 2 de agosto de 1997. Y en ese preciso momento su leyenda se agigantó.
La trilogía de discos que grabaron los Talking Heads junto con Brian Eno en los 80 (More songs about buildings and food, Fear of music y Remain in light) y la placa conjunta registrada por Eno junto a David Byrne (My life in the bush of ghosts) fueron las primeras reivindicaciones públicas de la figura de Kuti. Desde otro lugar, Paul Simon (en Graceland) y Peter Gabriel hicieron lo propio. Y ya en estos últimos años, Damon Albarn, líder de Blur, reclutó a Tony Allen, baterista del célebre nigeriano, para sus proyectos The Good, The Bad & The Queen y Rocket Juice & The Moon. Flea, el gran bajista de los Red Hot Chili Peppers (y parte estable de Rocket Juice & The Moon), confesó que Atoms For Peace, el grupo paralelo que integra con Thom Yorke de Radiohead, también tiene como influencia principal a la música de Kuti. Y bandas nuevas como Vampire Weekend y The Very Best también se hicieron eco del fenómeno.
Tanto furor global no podía dejar aparte a la Argentina, una tierra en donde la ascendencia de la música con raíces africanas es marcada tanto en el tango como en el rock. Y así es como, desde hace un par de años, empezó a asomar una modesta pero contundente escena afrobeat. El epicentro es el Festival Latinoamericano de Afrobeat, más conocido por su sigla obvia: Festival FELA. Con sede en la Ciudad Cultural Konex, y con un público que ronda el millar de personas, bandas de género y DJs hacen bailar a la concurrencia con la versión criolla de los sonidos percusivos originarios del continente negro. Y, entre esos grupos, hay dos que se destacan por sobre el resto: Morbo y Mambo y Val Veneto.

 

Tambores del Atlántico
«¡Hagan show!». Ese era el grito de guerra que recibían Los Beatles a principios de los años 60 por parte de Bruno Koschmider, dueño del Club Indra de Hamburgo, en donde los futuros Fab Four daban shows de casi 8 horas de duración para un público compuesto por prostitutas y maleantes. Salvando las distancias, un grito similar recibían los Morbo y Mambo cuando eran la banda residente de un hostel y querían dar por finalizados sus recitales. «Eso nos permitió zapar y progresar en nuestro estilo», cuentan los oriundos de Mar del Plata en su sala de ensayo de San Telmo, que oficia al mismo tiempo de galería de arte y espacio multicultural.

Formato EP. La música de Val Veneto se puede descargar gratis en Internet. (gentileza Val Veneto)

Más allá de Fela Kuti, los Morbo y Mambo reconocen influencias tanto de la música sudafricana como de los sonidos uruguayos de El Kinto y del Miles Davis eléctrico y funk de On the corner y Bitches brew. Su música instrumental, más allá de estos guiños, impide ser encasillada y es un viaje libre en el que el diálogo entre los vientos (trombón y trompeta) y la percusión (batería y parches) es constante. Tras una primera incursión discográfica en 2011, prometen volver al ruedo aunque no saben si con una serie de EPs o con un larga duración hecho y derecho. Pero, mientras tanto, sus recitales son un deber para quienes quieren estimular su espíritu festivo y danzarín.
Tras la disolución de Los Alamos, el inquieto Jonah Schwartz comenzó a participar de forma activa en un par de proyectos que continúan la saga de su anterior banda (Los Palos Borrachos, Springlizard) y en otro en el que bucea los densos sonidos del afrobeat: Val Veneto. «Lo bueno del grupo es que toco el clarinete y que, al ser una formación con 10 integrantes, arreglamos una fecha y no hay problemas si uno no puede venir: tocamos los que estamos y ya», dice.
Val Veneto acaba de publicar un EP llamado Nancy, que se encuentra disponible en la red para descargar de manera gratuita junto con El paraguayo, su trabajo anterior. «Sabemos que no venderemos CDs como con Los Alamos, y por eso los ponemos gratis en Internet. Pero también entendemos al que le gusta el souvenir», afirma el estadounidense de nacimiento que, a esta altura, sólo conserva de su país natal un simpático acento a la hora de hablar castellano.

Pablo Strozza