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La huelga nacional contra la reforma laboral terminó con las pocas esperanzas que podía despertar el presidente François Hollande. La mayoría de las bases sindicales, nucleadas en la CGT comunista y en la autónoma Fuerza Obrera, rechazan la propuesta del presidente francés para abrir paso a la flexibilización con el argumento de generar más empleos: «Es extremadamente peligroso, regresivo y antisocial, (…) esto no es diálogo social» puntualizó el líder del Frente de Izquierda, Jean Luc Mélenchon. Los sindicatos movilizados advirtieron sobre el «desmantelamiento del código de trabajo» y criticaron a los oficialistas que apoyaron públicamente la precarización de la gestión.