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El neoliberalismo recrudece en Costa Rica y el gobierno de Laura Chinchilla se encierra en los laberintos del déficit fiscal. El gobierno de la presidenta con menos aprobación de Latinoamérica, según una reciente encuesta, no sólo designó un consejo de notables para decidir cómo realizar el ajuste sino que está decidida a profundizar las recetas del FMI. «Mientras más se espere, es más difícil hacer el ajuste y si se piensa en los otros ajustes que hay que hacer, la recomendación es actuar lo antes posible», profetizó Naoyuki Shinohara, el subdirector gerente del Fondo, quien llegó al país para instruir al presidente del Banco Central costarricense. Entre las medidas que estudia la gestión Chinchilla está el recorte del salario docente y de las jubilaciones, el retraso de la edad de retiro, la eliminación de todo plus salarial y la paralización de las convenciones colectivas de trabajo obligando a que todos los reclamos laborales deban presentarse a la justicia. A un año de concluir su mandato, el 55% de los costarricenses desaprueba la gestión de la presidenta, que sólo cuenta con el respaldo del 12% de los entrevistados, de acuerdo con una encuesta publicada por la prensa local.