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Amplitud. El equipo que encabeza Ruggieri apuesta a los más variados estilos coreográficos: lo clásico, lo moderno y lo contemporáneo. (3 estudio/Juan C. Quiles)

En la presente temporada la danza llega con nuevas perspectivas al Centro Cultural de la Cooperación, con Mariela Ruggieri al frente de un equipo integrado por Alba Virgilio, Isabelle Paez, Anahí Bechara, Ana Borré, Daniela Margarita Schvetz, Inés Mass, Daniela Mena y Mayra Arenzón, la mayoría de ellas alumnas, egresadas o docentes de carreras de danza y de arte del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA) y de la UBA.
Convocada en 2012 para coordinar el área en el CCC, Ruggieri se tomó un año para planearlo bien. Así llegó a planificar la actual temporada, guiada por la idea de que «había que programar danza en general y no sólo aquella que está acotada a la investigación, para evitar la situación de que las obras tuvieran poco público, porque no es posible sostener una sala adonde van apenas 10 personas», explica. Y completa: «A mí me gusta celebrar la danza en general. Creo que en el CCC tiene que haber cabida para creadores de distintos estilos, corrientes, siempre con calidad artística. De esta manera, se podrá recibir a un público ecléctico: tanto a las nuevas generaciones como a los espectadores que siguen a coreógrafos de determinada época que continúan en actividad».
Así fue como en marzo, por ejemplo, se vio Castadiva 15 años, una retrospectiva con varias obras de la coreógrafa Mónica Fracchia. La diversidad de propuestas de danza en el CCC durante 2013 se sostiene en la amplitud de criterios a la hora de elegirlas. En el proceso de selección se evaluaron las carpetas que, a partir de una convocatoria informal que se difundió de boca a boca, llegaron durante el año pasado en busca de un lugar en la sala Solidaridad. En el caso de Fracchia, la justificación para su inclusión fue un reconocimiento. «La compañía Castadiva cumplió 15 años; viene remándolas, haciendo un trabajo respetable. Esto, en el medio de las condiciones de la danza en nuestro país, es como para homenajearlo, por lo menos, humildemente», señala Ruggieri.
En los próximos meses, la danza tendrá cita las nochecitas de los jueves, con variaciones cada dos meses. Según indica Ruggieri, en varias ocasiones ha buscado combinar artistas experimentados y emergentes: «Se me ocurrió hacer ciclos de dos meses, en los que hubiera una compañía más grande en tamaño y en trayectoria, y un grupo soporte; los dos, dentro de un mismo estilo. Así, al modo del rock, el chiquito podrá adquirir más nombre».
Durante abril y mayo, la compañía de Leonardo Cuello estará haciendo Colección tango. En abril será el turno Isabelle Paez, en un solo de tango contemporáneo (Tango para silla sin asiento) y, en mayo, de Maximiliano Ávila con Tríada de un abrazo, también orientada al dos por cuatro. En junio y julio llegará al escenario de la sala Solidaridad Pulsos, de Oscar Araiz, al frente de la compañía de la Universidad Nacional de San Martín. La creación de Araiz compartirá escenario con dos trabajos noveles, de Alba Virgilio y Andrés Molina: se trata de Ni te asomes y Piezas, respectivamente. La otra obra invitada será Bolero, de Ana Garat y Pilar Beamonte.
Para el resto del año, se espera que en agosto y setiembre suba a escena Apnea, de la compañía de David Señorán; en octubre, una muestra de interesantes ejemplos de videodanza; y en noviembre La farsa de la búsqueda, de Paula Rosolen, neuquina radicada en Fráncfort: la pieza se anuncia como un solo sobre la bailarina y coreógrafa alemana e iniciadora de la danza moderna en la Argentina, Renate Schottelius (1921-1998).
Las ideas de Ruggieri para la danza en el CCC no sólo conciernen a la programación de espectáculos, sino que se completan así: «Por un lado, a diferencia de años anteriores, en los que proyectos del IUNA tenían sede en el CCC, ahora haremos proyectos conjuntos, sobre todo en el nivel de la producción y en la organización de seminarios, con invitados internacionales. Por otro lado, iniciaremos un archivo audiovisual con todo lo que se va haciendo, por ejemplo, entrevistando a los coreógrafos. Si no, además de que la danza es efímera, seríamos doblemente efímeros. Otras actividades estarán ligadas con talleres de danza, y con trabajar en políticas culturales, herramientas sin las cuales un artista no puede sobrevivir. Al respecto, un tema fundamental será darle seguimiento a la ley Nacional de Danza, una de cuyas redactoras fui yo, que ya presentamos el año pasado en el Congreso Nacional».

A. M.