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Sergio Agüero, flamante goleador histórico del Manchester City en la liga inglesa, apunta a reencontrar el mejor nivel en el Seleccionado tras la frustración del Mundial.

 

Clave. El Kun es la principal figura del equipo dirigido por el chileno Manuel Pellegrini. (Rex Features/AFP/Dachary)

Los argentinos que todavía no pueden olvidar el Mundial de Brasil recuerdan con gesto de desgracia algunos momentos de la final con Alemania. Ninguno tal vez tenga la carga de fatalidad con la que vienen a la memoria las chances malogradas por Gonzalo Higuaín y Rodrigo Palacio, pero son instantes sobre los que todavía se busca una explicación. Uno de ellos ocurrió a la vuelta del entretiempo, cuando Sergio Agüero entró en el equipo por Ezequiel Lavezzi. Buena parte de los observadores del partido juzgaron que el Pocho había tenido un buen primer tiempo y que era necesario para la segunda etapa. No entendieron el cambio de Alejandro Sabella. No lo entienden todavía.
A esta altura ya resulta estéril la discusión, solo una forma de resolver los asuntos con el pasado. Aunque, hay que decirlo, la Argentina tuvo en esos primeros 10 minutos del segundo tiempo, con Agüero en el campo, acaso su mejor momento del partido, una ráfaga en la que puso en aprietos a Alemania. Más allá de eso, el Kun –un apodo que es la deformación del nombre de un animé japonés, Kum-Kum, los dibujos que Agüero veía de niño– mantuvo el bajo nivel de todo el Mundial.
Con problemas físicos, todavía con el lastre de la lesión, no tuvo resistencia tampoco para un partido que terminaría en un alargue. Y el delantero del Manchester City cerró una estadía sombría en Brasil. Su regreso a la liga inglesa lo encontró en mejor nivel. Con sus 4 goles al Tottenham del argentino Mauricio Pellegrino, el Kun se convirtió en
el máximo goleador del Manchester City en la liga inglesa, superando nada menos que a Carlos Tevez, quien era el que ostentaba el récord en ese club. Un logro valioso que reafirma las cualidades del delantero surgido en Independiente, más allá de que persistan interrogantes en torno de su flojo rendimiento en el Mundial.

 

De mayor a menor
«Agüero es un crack, de excelencia, uno de los 10 mejores futbolistas del mundo», dijo Diego Latorre, ex jugador y actual comentarista de fútbol, durante una entrevista para Acción en diciembre del año pasado. Eran los meses previos al Mundial de Brasil y Latorre planteaba la preocupación acerca de cómo llegaría Agüero a esa competición. Porque todos pensábamos en Lionel Messi, por supuesto, pero también había que pensar en el Kun, su amigo fuera de la cancha y su socio dentro de ella.
Era tan importante que llegara bien Messi a Brasil como que llegara bien Agüero, decía Latorre por entonces. El primer día de este año, el año del Mundial, Agüero se topó con la maldición: un desgarro en el partido contra el Stoke City por la Premier. Volvió a las tres semanas, pero en marzo otra lesión lo sacó de la cancha. «Hago lo mejor que puedo para poder jugar otra vez, pero no puedo hacerlo de prisa. Me digo que si ahora pasa algo voy a perder el resto de la temporada de la liga y el Mundial», dijo Agüero por esos días.
Así llegó a Brasil, recién cumplidos los 26 años, con la carga justa en el cuerpo. Había dejado atrás una temporada de 36 partidos (cinco de ellos desde el banco) con el Manchester City, acumulados entre Premier, Champions, FA Cup y Capital One Cup, en los que hizo 32 goles, su mejor promedio desde que llegó al fútbol inglés, en 2011, desde el Atlético de Madrid. El equipo de Manuel Pellegrini ganó, en ese lapso, la liga y la Capital One Cup. Pero lo más destacado de Agüero se vio tal vez en el primer semestre, antes de que las lesiones comenzaran a perseguirlo y de que el desgaste por la acumulación de partidos le pasara factura en el Mundial.

 

Otra vida
Con la llegada de Gerardo Martino a la Selección en reemplazo de Alejandro Sabella, Agüero tendrá una competencia a su nivel: Carlos Tevez. Aunque el entrenador ve al jugador de la Juventus en el lugar de Gonzalo Higuaín. Después del Mundial de Brasil y de los últimos amistosos, ya bajo la administración de Martino (el equipo nacional enfrentó a Alemania, Brasil y Hong Kong, antes de la gira por Inglaterra), el Kun asiste a un fenómeno por el que ya atravesó su amigo Messi: sonreír en su equipo, mostrarse bajo el sol aunque en Manchester los días estén nublados, y hacerse gris con la camiseta celeste y blanca. Son momentos de reflujo.
Nada que Agüero no pueda superar. Su vida lo demuestra. Para salir del vientre de Adriana, su madre, le tuvieron que fracturar la clavícula. La obstetra del hospital Piñero, cuenta el periodista Daniel Frescó en la biografía oficial del jugador, tranquilizó a la mamá explicándole que el hueso tardaría poco tiempo en soldarse y que no tendría consecuencias para el bebé. Adriana aceptó porque prefería eso al fórceps, el otro método con el que se podía dar a luz a su hijo.
Ese bebé, que creció entre la pobreza de la villa Los Eucaliptus, en el partido de Quilmes, fue el crack que debutó con 15 años en Independiente. El que ahora busca reencontrarse con la Selección.

Alejandro Wall