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Criado en una familia que respira handball, el jugador acumula reconocimientos en Francia y ya es el principal referente de un equipo argentino en pleno crecimiento.

 

Figura. Simonet, jugador del Montpellier, fue elegido el mejor de la liga en su puesto. (AFP/Dachary)

No había forma de que Diego Simonet no fuera jugador de handball. Su padre, Luis, y su madre, Alicia, jugaron en la Selección argentina. Sus hermanos Sebastián (28 años) y Pablo (22) también practican este deporte. Pero el que se destaca entre toda la familia es Diego, de 24 años, que juega en Francia y acapara las miradas de todo el mundo.
El Chino, como le dicen, ya descollaba desde chico. En las inferiores del club Sociedad Alemana de Villa Ballester empezó a forjar un estilo de juego muy técnico y creativo en un deporte muy físico en el que se sobresalen los jugadores de buen porte y mucha fortaleza.  Si bien Diego mide 1,90 metro y en los últimos años trabajó mucho sobre su cuerpo para ganar en fuerza y resistencia, lo que lo hace distinto al resto es su habilidad, la capacidad para la improvisación y la repentización en situaciones que parecen no tener una solución posible. Por esta razón es que muchos lo apodan el Messi del handball. Simonet irrumpió en la escena internacional en el Mundial Juvenil sub 19 de 2007 en Bahrein, donde Argentina, por primera vez en su historia, se metió en semifinales. Al año siguiente, y luego de un puñado de partidos en Primera en Sociedad Alemana de Villa Ballester,  con apenas 18 años se fue a jugar al Sao Caetano de Brasil, donde apenas estuvo un año antes de pasar al Torrevieja español, que lo contrató luego del tremendo Campeonato Mundial Junior (sub 21) que disputó el argentino en 2009, en Egipto. La Selección finalizó en el quinto puesto y luchó de igual a igual ante las potencias europeas.
En 2011, Diego finalmente se sumó a la Selección mayor argentina. Allí lo esparaba su hermano Sebastián y, junto con una camada de buenos jugadores jóvenes como Juan Pablo Vieyra y Federico Fernández, el nivel del equipo comenzó a crecer. El Mundial de Suecia 2011 fue una muestra de lo que se vendría meses después, cuando Argentina ganó el Panamericano derrotando a Brasil en la final y logrando, por primera vez, la clasificación a unos Juegos Olímpicos.
Simonet, en tanto, seguía elevando su nivel de juego. De España pasó al Ivry de la liga francesa, una de las mejores del mundo junto con la alemana. Allí se destacó durante dos temporadas, hasta que a mediados de 2013 fue contratado por el poderoso Montpellier, equipo que dominó la liga de su país en los últimos años.
Luego de su primer año en Montpellier, Simonet fue elegido como el mejor central de la liga y hasta fue ternado como mejor jugador. Basta consignar las declaraciones de Claude Onesta, entrenador de la Selección de Francia, considerado el mejor equipo de la historia y ganador de los mundiales 2009 y 2011, para advertir la admiración que despierta el argentino: «Simonet es una maravilla, un genio del handball como hay pocos en el mundo. Es imprevisible.  No es un jugador que aprendió el balonmano en la escuela. Es como Maradona, que no aprendió el futbol; nació con él».
El Chino ya dejó de ser una promesa y pasó a ser una realidad dentro del deporte argentino. Le queda por delante ayudar a la Selección nacional a seguir creciendo. Londres 2012 fue el paso inicial. Ahora, Simonet será el encargado de llevar al equipo al siguiente nivel: competir con, y ganarles a, las potencias. Por lo pronto, con la celeste y blanca seguro se sentirá como en casa, porque además de su hermano mayor Sebastián, también tiene como compañero al menor, Pablo. Los hermanos Simonet buscan hacer historia.