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En un marco multitudinario, «Maravilla» Martínez retuvo el título
de peso mediano aunque su actuación dejó una imagen desteñida.  Un fenómeno deportivo-mediático que comienza a apagarse.

Victoria ajustada. En el estadio de Vélez, Maravilla protagonizó un duro y áspero combate con el inglés Murray. (Télam)

Alos 38 años el cuerpo de Sergio Maravilla Martínez se cobra las facturas del tiempo. Después de ganarle a Julio César Chávez Jr. el campeón de peso mediano del Consejo Mundial de Boxeo se operó los meniscos de la rodilla derecha, una intervención por la que ya había pasado cuatro años antes. No estaba del todo recuperado cuando bajo el ritmo de Calle 13 saltó al ring de la cancha de Vélez, donde tuvo que sufrir en exceso para que el inglés Martin Murray no le quitara el título. Más allá de los méritos del retador, Maravilla sintió en esa noche caótica cómo su propio físico lo enjaulaba, cómo le impedía bailotear, mostrar la cara y encontrar la grieta para el golpe. Sin ese movimiento de brazos caídos, una guardia baja que ahora parece siempre a punto de traicionarlo, Sergio Martínez pierde el estilo que lo convirtió en Maravilla.
El combate con Martin Murray dejó maltrecho –otra vez– al campeón. El puño de Maravilla pegó en el codo del inglés. Perdió el puño. Desde el segundo round tuvo que pelear con la mano izquierda fracturada. Esa misma mano, aunque huesos diferentes, fue la que se lesionó en el quinto round de la pelea con Chávez. La primera vez es pasto para la épica; la segunda se convierte en una preocupación. Ahora, además, sus médicos tendrán que evaluar si vuelven a operarlo de meniscos: la rodilla, ante Murray, no le respondió con la soltura de otros años.
Ese escaneo a su cuerpo permite entender la actuación de Maravilla en Liniers. Tampoco es que el fallo unánime que lo dio ganador haya sido una estafa. Se discutirá por siempre. Lo exagerada que resultó la diferencia de tres puntos dio alimento a la polémica. Correspondía una decisión más ajustada. En las tarjetas de algunos especialistas, Maravilla a lo sumo ganó por un punto. Pero incluso quienes dieron empate o victoria del inglés no sostienen la teoría de que los jueces le hayan regalado al argentino el cinturón que ostenta. Es cierto que Maravilla cayó en el octavo round y que Murray nunca visitó la lona. Pero eso no alcanza para arrebatar un título. Maravilla cabalgó buena parte del combate con el ring bajo control. Su dominio fue, digamos, de largo aliento. Murray se quedó con cuatro asaltos con tanta claridad que para muchos dejó la imagen  de vencedor. Pero, como escribió Walter Vargas en el diario Olé, cuando no hay nocaut, nocaut técnico o abandono, una pelea se gana por acumulación de rounds. Y ahí, aunque con lo justo, ganó Maravilla.
El fallo acompañó a una noche accidentada por la lluvia. El agua fue igualitaria: ni siquiera los que pagaron 5.000 pesos por sus entradas –las más caras– se salvaron de mojarse. La pelea de Maravilla se adelantó ante la llegada de la tormenta. Otros combates se acortaron sobre la marcha. Luis Abregú se enteró en el décimo round que su pelea con el canadiense Antonin Decarie no sería a 12 asaltos sino, precisamente, a 10. El tucumano se consagró por puntos campeón de plata welter de la CMB. Fernando Saucedo, en cambio, no pudo pelear ante el británico Gary Buckland. Su pelea se había reprogramado para después del choque principal pero finalmente se canceló.
A Maravilla y los organizadores las cuentas les cerraron con holgura. La pelea tuvo a Aerolíneas Argentinas, YPF y Presidencia de la Nación como sus principales patrocinadores, que aportaron 20 millones de pesos. Gracias a eso, el campeón se llevó la mejor bolsa de su vida. La taquilla, según los cálculos, entregó una suma similar. Maravilla no es sólo un fenómeno boxístico; también es un fenómeno mediático. Su entorno cuida la imagen del campeón como un cristal. Incluso hasta el absurdo, como lo sufrió Ernesto Rodríguez III, especialista en deportes olímpicos del diario Olé. Rodríguez III cubrió la pelea con Chávez en Las Vegas. Tenía una buena relación con Maravilla. El año pasado, a partir de las comparaciones, le preguntó si le ganaría a Carlos Monzón en una pelea hipotética. Maravilla le respondió que sí, que, al cabo, él siempre sale a ganar. La nota cayó mal a algunos fanáticos. Sampson Lewkowicz, representante de Martínez, le pidió que la bajara de la Web. Rodríguez III se negó. Lewkowicz le negó la acreditación para la pelea en Vélez.
Promotores y televisión manejan los hilos del boxeo mundial. Lo supo el Gobierno cuando HBO le advirtió que, más allá de algunos spots, no convirtiera la transmisión en un gran homenaje a los 10 años de las elecciones con las que Néstor Kirchner llegó a la presidencia. Eso también significaba no argentinizar la pelea; mantener el espíritu de ese circo tan estadounidense. Maravilla tiene contrato con HBO para dos peleas más. Lo más probable es que las cumpla cuando ya tenga 39 años. Todo indica que será su despedida. Para los empresarios comienza la búsqueda de un nuevo protagonista, el hombre que siga con este show.

Alejandro Wall