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Héroes. El cantante reivindica la influencia de Nebbia, Spinetta, García y Páez. (Rocío Zabalza Ritacco)

Gonzalo Aloras nació en Rosario en 1974. Allí integró la banda Mortadela Rancia, cuyo disco Ciudad paranoia iba a llegar a manos de Fito Páez para cambiar su destino. En su ciudad natal, también, estudió y enseñó cine. Inició su carrera solista con Algo vuela, en el que participaron Charly García, Claudio Cardone y Guillermo Vadalá. Y, claro, Páez. Aloras formó parte de su banda y de sus discos como intérprete y arreglador. «Trabajé mucho con Fito. Grabar la banda de sonido para su película fue un premio muy grande. Fue un honor que él, siendo músico, me entregue ese lugar, esa confianza», explica, en referencia a De quién es el portaligas. Por ese trabajo recibió nominaciones a los premios Clarín y Cóndor de Plata.
El año pasado volvió a ser reconocido, esta vez por 12, su último disco, con una nominación a los Premios Gardel como mejor álbum de artista masculino pop. «Todos los premios son bienvenidos, incentivan y traen buenos augurios. Este es un disco en el que participó mucha gente muy querida, entonces siento que al no ser nominado el músico sino el disco se hace un poco de justicia a tanto talento y a los músicos invitados»,  entre los que se cuentan Spinetta, Litto Nebbia, Páez, Juanse, Javier Malosetti y Francisco Fattoruso. Aloras lo define como «un material cargado de afecto», cuyo título tuvo por disparador un poema de Oliverio Girondo.
En tiempos de parricidios creativos, el rosarino negocia con la tradición desde el amor y la admiración. Además de reunir envidiables dream teams sonoros para sus propios trabajos, tomó la determinación de editar, como segundo disco, una suerte de homenaje a Nebbia, Spinetta y García: Superhéroes. «Nunca se había hecho nada así. Siempre se han hechos discos comerciales, tributos de compañías para vender discos. Pero nunca desde el afecto. Era el momento para hacerlo: yo ya tenía más o menos un color propio. Si lo hubiese grabado de más pequeño, a lo mejor hubiese sido todavía demasiado influenciable. Es más que un disco tributo, es más que un cover: es volver a decir algo desde otro lugar», explica. Y agrega: «Me gusta hacer canciones de otros como si fueran propias».
«Crear algo nuevo es mucho más difícil que versionar. Soy muy exigente y no muestro todo lo que hago», advierte el músico, que se presentará el sábado 20 de abril en el porteño multiespacio Los Ángeles, en un recital compartido con Rosario Ortega. Para él, 12 funciona como el cierre de una etapa. «La idea es abrir otra un poco más esquizofrénica: van a aparecer cosas muy distintas entre sí. No sería el paso lógico de un solista. Todo se va bifurcando: es una manera de crecer, pero distinta. En vez de ir apilando, me gusta ir abriendo».
«Lo que más disfruto es girar, ir a lugares no tan clásicos, que no son “centro”, donde se generan cosas inesperadas. De ahí siempre te llevás algo», dice. «Voy a insistir con ese costado más marginal, si se quiere, en el sentido de que coincide un poco con lo que hago musicalmente. No estoy transitando el camino que ya está trazado para hacer una carrera. Yo me siento al margen o, como dice Fito, “al costado del camino”».

V. T.