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Tras la reiteración de situaciones polémicas que dieron lugar a fallos erróneos, la FIFA comenzará a aplicar la tecnología en Brasil 2014. Resistencias e intereses en juego.

 

Debate. En el partido entre Belgrano y River se le convalidó un gol al cuadro cordobés que suscitó numerosas discusiones. (Gentileza CABB)

Geoff Hurst, el jugador inglés con el 10 blanco en la espalda de una camiseta roja, se da vuelta y le pega de derecha. La pelota estalla en el travesaño y pica sobre el césped. Es la prórroga de la final del Mundial de 1966. Los 90 minutos habían terminado en empate por 2-2. El gol de Hurst para los locales puede definir el partido. El árbitro suizo Gottfried Dienst duda acerca de si la pelota entró. Va en busca de la ayuda del juez de línea ruso, Tofik Bakharamov, que le responde con contundencia. Dienst señala la mitad de la cancha y el estadio de Wembley explota con el festejo. Hurst haría otro gol unos minutos más tarde y terminaría de entregarle la primera –y única– Copa del Mundo a Inglaterra. Pero tiempo después reconocería que aquel tanto dudoso no debió existir: «La pelota nunca cruzó la línea», diría el inglés. Ese 30 de julio de 1966 se convirtió el gol fantasma más célebre de la historia de los mundiales, hasta que en octavos de final de Sudáfrica 2010 llegó lo que se pareció a una venganza alemana: Frank Lampard pateó el tiro libre para Inglaterra, la pelota pegó en el travesaño y picó 40 centímetros adentro del arco. Alemania estaba 2-1 arriba y era el empate inglés. Sin embargo, el árbitro uruguayo Jorge Larrionda no lo cobró. El equipo de Joachim Löw se encargó de hacer dos goles más en el segundo tiempo y clasificarse a cuartos de final, donde eliminaría a la Argentina. Cuando Larrionda vio el tiro libre por televisión, sólo dijo: «¡Mi dios!».
La FIFA se negó durante décadas al uso de la tecnología para evitar esos casos. «Si convertimos el deporte en una ciencia, le quitaremos su emoción y ya nadie discutirá si hubo una posición adelantada o no, si una falta fue dentro del área o no. Esto destruiría un componente esencial del deporte: su contenido emotivo», dijo Joseph Blatter en 2002. Esa posición la mantuvo hasta mucho tiempo después. Se trataba de errores humanos. Pero después del gol anulado a Lampard, y sumado a que –también por octavos de final en Sudáfrica– Carlos Tevez abrió el triunfo argentino ante México con un tanto en posición adelantada, Blatter pidió disculpas y declaró que se reabriría el debate dentro del organismo para la implementación de herramientas tecnológicas.

 

Ensayos
No tuvo la misma suerte, en cambio, el pedido de Ramón Díaz semanas atrás. Fue después de que su equipo perdiera ante Belgrano con un gol fantasma. Lucas Zelarrayán le pegó desde afuera del área, Marcelo Barovero tapó pero no le puso el cuerpo a la pelota, que se le escapó y se fue hacia el arco. El arquero de River tuvo que esforzarse otra vez para atraparla. Fernando Echenique, el árbitro del partido, cobró el gol aunque la televisión mostró que la pelota no había atravesado por completo la raya. «Hay que usar la tecnología», reclamó Ramón Díaz.
Pero si esa decisión se ha demorado en el mundo, la Argentina tendrá que esperar mucho más; sobre todo, por cuestiones económicas. Para el próximo Mundial de Brasil –después de que la International Board aprobara su inclusión, así como la de los árbitros de meta– la FIFA dispondrá de la tecnología para evitar casos como el de Lampard. Se trata del sistema GoalControl, que provee una firma alemana. Ya fue probado en la Copa Confederaciones del año pasado y en el Mundial de Clubes. En cada estadio de la Copa del Mundo se instalaron 14 cámaras de alta velocidad, 7 para cada arco. Eso permite tomar cada jugada en 4D. Y es automático. Cuando la pelota ingrese al arco –sea o no una situación polémica– un reloj colocado en la muñeca del árbitro marcará una palabra inequívoca: goal.
«En el fútbol viene demorada la utilización de la tecnología –opinó el árbitro Horacio Elizondo–, debió haberse implementado en Alemania y Sudáfrica». Elizondo dirigió la final del Mundial 2006 entre Italia y Francia, donde aprovechó la tecnología para tomar una decisión crucial durante el partido: expulsar a Zinedine Zidane. Elizondo no había visto el cabezazo del francés a Marco Materazzi, así que preguntó por los intercomunicadores a sus colaboradores, que le contaron el hecho. Con esas certezas, le sacó la roja a Zidane. La resistencia a la tecnología resultaba un absurdo para la FIFA, que cuando todavía se escudaba en el error humano como esencia del fútbol para no implementarla, ya reclamaba estadios carísimos y súper modernos para los países organizadores de mundiales. Tecnología para el negocio, pero no para el juego. Ese error humano, además de sostener injusticias, permite manipular resultados, como se supo que ocurrió en muchos partidos, sobre todo en Europa. La tecnología, además, ya se usaba para otros asuntos. ¿O acaso la pelota, los botines y las camisetas se hacen con los mismos materiales con los que se hicieron para el Mundial de 1930? Un paso atrás del tenis, el básquet y el rugby, que hace tiempo utilizan la tecnología para tomar decisiones reglamentarias durante el juego, el fútbol, un territorio gobernado por el conservadurismo, tuvo que ceder. Aunque todavía falta mucho.

Alejandro Wall