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Los diamantes zimbabuenses siguen siendo uno de los botines más codiciados. Pocos quieren quedarse afuera del negocio que tensó las relaciones entre Bélgica y el resto de Europa. Los belgas, sobre todo la industria joyera de Amberes, pidieron a sus vecinos que saquen las minas de Marange de la lista negra aduciendo que Zimbabue está certificado por el Proceso Kimberley y no produce «diamantes de sangre», Inglaterra es uno de los que más se opone a retirar las sanciones y acusa al régimen de Robert Mugabe de usar el producto de la venta de diamantes para financiar la violencia política. Pero mientras los europeos discuten, China es la que se convierte en el gran socio de las explotaciones de la piedra preciosa en África. «En 2012 reportaron beneficios por 800 millones de dólares y sólo aportaron 45 millones», se quejó el ministro de Finanzas de Zimbabue, quien acusó al sector de no aportar al Estado los impuestos que correspondían al volumen de negocios que habían declarado.