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El 200º aniversario del nacimiento de Richard Wagner ha generado en Alemania un aluvión de homenajes en muchas ciudades relacionadas con la vida de este discutido compositor del romanticismo tardío, quien –como es sabido– manifestó en varias ocasiones su antisemitismo. Se han realizado exposiciones, conciertos y debates  en Leipzig, Dresde, Münich y en Bayreuth, donde Wagner montó su propio teatro, que hoy es sede del célebre festival que animó en vida. Christian Thielemann dirigió la orquesta del festival para ofrecer un concierto que incluyó el primer acto de la «Cabalgata de las valquirias», y el preludio y la muerte de amor de Isolda de Tristán e Isolda, entre otros.
Compositor, director de orquesta, poeta, ensayista, dramaturgo y teórico musical, Wagner nació en Leipzig en 1813 y murió en Venecia en 1883. Con el tiempo, se convirtió en uno de los mayores creadores de la historia de la ópera, sobre todo a partir de su concepción del drama musical y de la obra de arte total (la Gesamtkunstwerk). De hecho, se adelantó en medio siglo a la atonalidad surgida en los primeros años del siglo XX con Arnold Schönberg, uno de los aspectos que elogiaba Nietzsche en El caso Wagner. En el siglo XX, el partido nacionalsocialista alemán se apropió del legado wagneriano con fines de propaganda y adoctrinamiento de las masas del Tercer Reich y, en especial, de sus ideas antisemitas.
Durante  el nazismo, el Festival de Bayreuth se transformó en una prolongación operística del Tercer Reich. La nuera de Wagner, Winnifred Wagner, era una vehemente admiradora de Hitler; a fines de mayo, uno de los bisnietos de Wagner, el historiador Gottfried Wagner, acusó al resto de la familia de ocultar los vínculos del festival con el nazismo. Por el momento, en Leipzig, mientras continúan los homenajes y las polémicas, se inauguró un nuevo monumento público a Wagner.

Rubén H. Ríos